El discurso elitista y clasista que designa como “los ignorantes” a quienes apoyan al populismo no puede, ni debe mantenerse.
El inicio de la victoria sobre el populismo exige que las élites intelectuales, económicas, políticas y sociales, reconozcan que los grupos y sectores sociales que hoy apoyan al populismo, son “perdedores” de un modelo de desarrollo que ha generado inequidad, desigualdad y pobreza.
En el mismo acto, Quienes nos ubicamos dentro de estos grupos privilegiados, estamos en la obligación de hacer un mea culpa y solicitar disculpas a nuestros conciudadanos, a los que integran esos grupos vulnerables, porque por acción o inacción, con nuestro respaldo o con nuestro silencio, hemos permitido e impulsado la aplicación de un modelo económico que concentra la riqueza, promueve el egoísmo y ha debilitado con el tiempo el espíritu solidario que se encontraba en la base de nuestro sistema democrático.
Llegó el momento de que nos enfrentemos a una contundente realidad: o desarrollamos los mecanismos para incrementar la inversión social, o la vorágine nos absorberá y nuestra sociedad continuará el deterioro iniciado algunos lustros atrás.
Las opciones políticas para superar este momento exigen esfuerzo, solidaridad y desprendimiento, sobre todo de los que más tienen.
No podemos seguir permitiendo que importantes sectores sociales de nuestro país continúen viviendo en la pobreza extrema, no cuenten con los servicios que les permitan satisfacer sus necesidades básicas, o que la pobreza extrema castigue a casi el 40% de los niños y jóvenes costarricenses.
Si no tomamos acciones determinantes ahora, terminaremos por perder nuestra democracia.
La rebelión de los pobres está en marcha y los populistas dispuestos a mantener sus mentiras, para cosechar sus votos.
El autor de este artículo es politólogo, graduado con honores en la maestría Administración de Empresas de la UCR, con estudios en economía y comunicación política.



