Opinión | Luis Guillermo Solís Rivera
Expresidente de la República de Costa Rica
“No vivimos en una época de cambios, sino en un cambio de época”. La frase, repetida hasta el cansancio en los últimos meses, cobra cada día más sentido. Los acontecimientos recientes confirman que el mundo atraviesa una reconfiguración profunda: el sistema internacional nacido después de la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin.
Así lo señalaron varios líderes mundiales durante el Foro Económico Global 2026 en Davos. Lo que emerge en su lugar es un entorno incierto, dominado cada vez más por la ley del más fuerte, donde los equilibrios ya no se basan en reglas compartidas, sino en poder y conveniencia.
Un tablero sin árbitros
Algunos podrían pensar que ese “más fuerte” son los Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump. En cierta medida, es así. Sin embargo, limitar la discusión a la beligerancia del mandatario estadounidense sería un error: el poder global ya no responde a una sola hegemonía.
China se consolida como una potencia estratégica, capaz de desafiar a Washington no solo en lo militar, sino también en lo tecnológico y económico. La decisión del gobierno estadounidense de señalarla como su principal adversario lo demuestra. Y no está sola.
Desde la invasión rusa a Ucrania, pasando por las crisis en Irán, Gaza, Siria, Venezuela, Afganistán e incluso Groenlandia, se evidencia un escenario multipolar. Potencias regionales, alianzas fluctuantes y viejos imperialismos han resurgido con fuerza: Turquía, Pakistán, India y Corea del Norte ejercen influencia en sus zonas de control, movidas por un nacionalismo que recuerda los convulsos años del siglo XIX.
Un mundo sin reglas
Aunque Estados Unidos conserva una superioridad militar y económica considerable, su dominio enfrenta límites. La historia demuestra que las relaciones de poder son dinámicas. Nuevos factores —como los avances tecnológicos, la creciente desigualdad social y los efectos del cambio climático— están alterando los equilibrios globales.
El desprecio deliberado por las instituciones multilaterales agrava la situación. Naciones Unidas, la OMC y otras instancias pierden peso frente a Estados que privilegian sus intereses nacionales por encima del diálogo o el derecho internacional. En este contexto, la cooperación global se debilita mientras la incertidumbre crece.
Costa Rica ante la incertidumbre
Para Costa Rica, este nuevo escenario no es favorable. La estabilidad y previsibilidad que disfrutamos desde la década de 1950 se ven amenazadas por un entorno impredecible y cada vez más fragmentado.
Como bien dice un refrán guanacasteco aplicado a la época seca: “el que tiene más galillo, traga más pinol”. En un mundo sin reglas, esa parece ser, lamentablemente, la nueva norma.



