El día de hoy compartimos la historia de una persona muy querida en su comunidad, conocida como Abuela Fina.
Doña Josefina Picado Bermúdez, de 100 años, es vecina de Guatuso y se ha destacado por su espíritu de servicio y entrega como partera. Ha vivido su vida en forma plena, con una actitud muy positiva ante la vida a pesar de la adversidad, y del trabajo duro disfruta de cada momento es muy alegre , todo un testimonio de vida y un modelo para las futuras generaciones, amada por su familia y todos los que comparten a su alrededor .
Doña Josefina Picado Bermúdez
Nació en el cerro San José, en Líbano de Tilarán el 24 setiembre de 1924; actualmente reside en Guatuso.
Josefina Picado Bermúdez nació el 24 de septiembre de 1924 en el pintoresco Cerro San José, en el Líbano de Tilarán, Costa Rica. Fue la cuarta de una familia numerosa, conformada por 12 hijos en total, 11 de los cuales compartieron con ella una infancia llena de desafíos y alegrías en un hogar humilde pero lleno de amor. Sus padres, José Picado Jara y Dolores Bermúdez Jiménez, les inculcaron el valor del trabajo duro y el respeto por los demás.
Aunque muchos de sus hermanos ya no están, Josefina aún tiene el apoyo y compañía de tres de sus hermanas: Esperanza, 94 años, Dulcelina, 90 años, y Anaís, 87 años.

A la temprana edad de 15 años, el destino cruzó su camino con el hombre que sería el gran amor de su vida, Adolfo Rodríguez Solís, un joven oriundo de San Carlos, Ciudad Quesada. Fue un 13 de junio de 1939 cuando se conocieron, y desde entonces supieron que sus vidas estarían entrelazadas para siempre. Un año después, el 17 de julio de 1940, en una ceremonia celebrada en la iglesia de Tilarán, Josefina y Adolfo se unieron en matrimonio, dando inicio a una historia de amor que duraría 64 años.
Durante su larga vida juntos, compartieron momentos de felicidad, trabajo y superación, hasta que el 2 de noviembre de 2004, Adolfo partió, dejando en Josefina el recuerdo imborrable de una vida plena junto a él.
En sus primeros 11 años de matrimonio, vivieron en el Cerro San José, donde comenzaron a construir su vida familiar y a trabajar duro para salir adelante. En 1951, tomaron la decisión de trasladarse a Zapote de Bijagua, cuando Adolfo compró una propiedad que se convertiría en el hogar donde pasarían gran parte de su vida.
En este lugar, Josefina no solo se dedicó a las labores del hogar, sino que se destacó por su increíble coraje y fortaleza, ayudando a su esposo en todas las tareas del campo. Con valentía, asumía tareas que requerían gran esfuerzo físico, como destazar cerdos y vacas para carne, una labor que ella realizaba sin titubear. Sus hijos, criados bajo el ejemplo de trabajo duro de sus padres, también se unieron a las labores del campo y apoyaron a sus padres.
No solo fue una trabajadora incansable en el campo, sino que también junto a su esposo, administró una pulpería, vendían natilla, queso y huevo siempre estaba lista para ofrecer una palabra amable o una mano amiga.

También, desempeñó un rol crucial en su comunidad como partera pasaron por sus manos expertas y su corazón lleno de amor más de 400 niños a lo largo de su vida. Además de ser una mujer trabajadora, la casa de Josefina también servía como un hospital improvisado, los vecinos acudían a ella en momentos de necesidad, sabiendo que podían contar con su ayuda llegaban heridos, personas con fracturas y madres con bebés enfermos llegaban en busca de ayuda.
Con sus manos llenas de sabiduría, siempre respondía con una sonrisa y esto la hizo aún más querida por su comunidad, ella cuenta en grandes risas.“Como toda partera, la mandaban a traer a caballo y se regresaba a pie JAJAJA”.
Asimismo, participaba en la iglesia, siempre presente en las actividades religiosas, hasta el día de hoy, sigue siendo una mujer de fe, convencida de que su vida ha sido bendecida por el amor y la protección divina.
Pero su vida no solo fue trabajo y devoción. A lo largo de los años, siempre encontró momentos para disfrutar de las cosas simples que le daban mucha alegría. Conocida por ser alegre y su gusto por la música, es una mujer a quien le encanta bailar. Las fiestas y reuniones familiares eran momentos en los que brillaba con su energía contagiosa, sus hijos, nietos, y amigos siempre la ven bailando con una sonrisa en el rostro.
Además, es una mujer coqueta y cuidadosa con su apariencia. Le encanta arreglarse, maquillarse y vestirse con elegancia. Incluso hoy, a sus 100 años, sigue siendo una mujer vital, y como ella misma dice, “Antes muerta que sencilla” disfruta de hacer pan, picadillos y tamales otro de sus pequeños placeres es disfrutar de una copita de vino de vez en cuando
De su amor con Adolfo nacieron 13 hijos, de los cuales viven 10: Lía, Enid, Ana Cecilia, Noemí, Adolfo, Isabel, Alfredo, Ana Luz, Josefina y Enoé. Su descendencia es muy grande y llena de amor con 52 nietos, 71 bisnietos, 29 tataranietos y, más recientemente, 1 cuadrinieto, todos ellos herederos del legado de fortaleza, trabajo y amor a lo largo de su vida, Josefina Picado Bermúdez ha sido un ejemplo extraordinario de fortaleza, trabajo y fe. Hoy, con 100 años de vida, sigue siendo una mujer admirable, cuyo legado perdurará en las generaciones futuras como un recordatorio de que, con amor, fe y dedicación, todo es posible.
Si fuera por contar toda su historia, no terminaríamos nunca. Esto fue recopilado por su hija Enid Rodríguez Picado y su bisnieta, Jimena Barrantes Ortiz.



