“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. La cita bíblica de San Juan podría describir lo ocurrido en el distrito de Monterrey, San Carlos, donde toda una comunidad se unió, bajo el liderazgo del presbítero Gerardo Alpízar Castro, para hacer realidad la construcción del Salón Parroquial Santo Domingo de Guzmán.
En tiempos donde los liderazgos comunales y espirituales parecen escasear, este proyecto demuestra que cuando el pastor está cerca del pueblo, el pueblo le escucha y trabaja junto a él para concretar obras que impactan positivamente en la comunidad.
Una obra de fe y compromiso
La nueva infraestructura, con un valor que supera los ₡154 millones, no solo representa un avance material, sino también la unión de las familias de Monterrey, que aportaron según sus posibilidades para levantar un espacio al servicio de todos.
El presbítero Alpízar explicó que este sueño comenzó hace más de 12 años, gracias al esfuerzo de párrocos anteriores —José Pablo, Adolfo y Omar— quienes guardaron fondos para hacerlo posible.
Diseñado por la arquitecta Gabriela Araya Solís, el salón cuenta con 510 metros cuadrados distribuidos entre un amplio salón, cocina y servicios sanitarios, con un diseño que armoniza con el templo católico del distrito.
“El mejor regalo: ver un pueblo unido”

Para el padre Gerardo, la experiencia ha sido profundamente significativa:
“Pude ver cómo otros sacerdotes lideraban grandes obras para la iglesia y nunca me imaginé estar al frente de algo así. Pese a problemas de salud, el estrés de las deudas millonarias y el tiempo que demanda un proyecto de esta magnitud, ver un pueblo unido es el mejor regalo que uno puede recibir”, expresó.
Dos semanas para saldar la deuda

El proyecto inició en diciembre de 2024 y concluyó este mes de agosto con una deuda de más de ₡36 millones, monto que la comunidad logró saldar en tan solo dos semanas de actividades.
Entre las iniciativas estuvieron bingos, un reinado familiar, desfile de boyeros, rodeo, ventas de comida y una gran subasta que recaudó más de ₡34 millones el pasado domingo, durante la celebración del día del Santo Patrono, Santo Domingo.
“La subasta es una actividad familiar donde todos pueden almorzar, tomar café y pan sin pagar nada, y sin distingos. Aquí en Monterrey se valora a todos: desde la persona más humilde que trabaja en la cocina, hasta la familia con más recursos que aporta dos o tres animales para la subasta”, recordó el sacerdote.
Un espacio para toda la comunidad
El Salón Parroquial Santo Domingo de Guzmán servirá para actividades parroquiales y diocesanas, así como para eventos comunales que requieran de esta infraestructura, consolidándose como un punto de encuentro y servicio para Monterrey y Venado.



