Ayer miércoles en el salón de expresidentes y jefes de estado, se colocó el retrato del expresidente Carlos Alvarado Quesada quien gobierno el país del 2018 al 2022. Al acto de develación asistieron además de su familia, compañeros de su gabinete, exdiputados y dirigentes del partido Acción Ciudadana que lo llevó al poder.

En su mensaje recordó un poco de su legado y las circunstancias en que le tocó asumir la tarea. ¨Si miro siete años atrás, en el momento que decidí aspirar a la presidencia, fueron tres mis motivaciones y objetivos: Primero, confrontar al populismo. Segundo, evitar una crisis fiscal. Y tercero, dar continuidad a un proyecto de avanzada en materia de derechos de las mujeres, derechos humanos, de la dignidad de todas las personas y del ambiente. En aquel momento era imposible saber que también me correspondería enfrentar una pandemia, no vista por más de 100 años¨. Dijo el Expresidente

Recordó, que, al tomar aquella decisión, el populismo ya había llegado al poder en países de la región, y asomaba su rostro en Costa Rica proponiendo autoritarismo como la solución al problema de la seguridad ciudadana, usando la mentira incendiaria que se nutrió de la disconformidad que como sociedad veníamos acumulando, y que cultiva polarización y debates tóxicos. 

¨Otro rostro de ese populismo planteó que un tipo de familia era más valioso que todas las demás.

Esos populismos fueron derrotados electoralmente en 2018. Se requirió de la unión de muchas voluntades para hacerlo, de ver horizontes y no egos. Ver un país y no solo parcelas. Ver hijos, hijas y nietos, y no solo la imagen del espejo.

Hoy cuando observo el escepticismo de la mayoría sobre la posibilidad de lograr acuerdos o momentos de unidad nacional para progresar, me pregunto por qué nos negamos a aceptar que, en el pasado, y no solo en esa ocasión, lo hemos logrado.  Como si cuando miramos la fotografía de Calderón Guardia, Manuel Mora y Monseñor Sanabria solo percibiéramos siluetas y no fuéramos capaces de ver lo que había detrás. Esa imagen, o la del Pacto de Ochomogo con don Pepe Figueres y Manuel Mora, inspiraron siempre mi esfuerzo por un gobierno de Unidad Nacional.

Experimenté de primera mano la mística y entrega de este grupo de personas, más aún, de un equipo, de quien demandé tantas cosas, para y por Costa Rica.  Cuando algunos ven sin esperanza el futuro, yo recuerdo que en mi administración hubo gran diversidad de edades en el equipo, en cuenta muchísimas personas jóvenes en sus treintas o veintes, en posiciones de responsabilidad y que descollaron.

Hay muchas personas jóvenes, destacadísimas y con experiencia de gobierno, listas para tomar las riendas del país cuando así sea necesario.

Pero, derrotar electoralmente al populismo no iba a hacer que desapareciera y, como sabemos, hoy no solo goza de buena salud, sino que ha perfeccionado su habilidad de debilitar las instituciones de la democracia -como al Poder Judicial, a la prensa y los órganos de control- de polarizarnos, construyendo como su principal obra un monumental coliseo inmaterial donde la sociedad pasa distraída, de pelea en pelea sin que surja algún producto real de desarrollo, o simplemente recurriendo a la mentira -pues para mi llamarle posverdad es un eufemismo-. 

Francamente, me estremece como confrontados con sus mentiras o abiertas falsedades, personajes públicos no se avergüenzan, retractan o al menos piden disculpas. Y más bien asumen la actitud sin vergüenza de quien defiende la mentira como forma válida de hacer política.

La lección es clara. En nuestro país y en todo el mundo democrático el populismo es fuerte y se alimenta de nuestros fracasos en desigualdad. El populismo puede acabar con la democracia en el planeta. Por eso debe ser enfrentado.

Y esto requiere que las mujeres y hombres de buena voluntad salgan de su zona de confort y se acerquen unas a otras aun cuando tengan diferencias conceptuales, unidas bajo una idea democrática común.

Decía que mi segunda razón para asumir esta tarea fue evitar una crisis fiscal.  Crecí escuchando los debates de mi padre, con mi abuelo -Francisco Alvarado- y mi tío político -Rodolfo Carazo- sobre la crisis del 80 en nuestro país.  Mi abuelo decía que ese fue de los momentos más duros que recordaba de su vida.  Igual mi padre. Y yo quería evitar a toda costa que eso volviera a castigar a Costa Rica.

Buscando en nuestra historia, encontré otro momento en el cual las deudas del país lo llevaron a un trago amarguísimo.

Al final del siglo 19, nuestro país quedó altamente endeudado con el capital británico, por la construcción del ferrocarril al Atlántico. Esa debilidad de las finanzas, entre otras cosas, llevó a la firma del contrato Soto-Keith en 1884, que le dio a Minor Keith no solo la capacidad de renegociar nuestra deuda… sino que además le entregaron 300 mil hectáreas de tierra libre de impuestos, poco más del 6% de nuestro territorio nacional. Este fue el origen de la United Fruit Company, Mamita Yunai, como la inmortalizó Carlos Luis Fallas.

Un nacionalismo sano no quiere a su país hincado y procura más bien que tenga finanzas fuertes.  El Estado Social de Derecho debe dar frutos a la gente, para eso existe.  Y requiere tener robustez, no precariedad. Las peores amenazas para el Estado Social de Derecho, aquí y en otras latitudes, siempre han sido las crisis fiscales. El capitalismo salvaje, ese que no conoce la solidaridad o el progreso, se apoya en estas crisis para privatizar, para despedir trabajadores, para quitar pensiones o programas sociales, de salud o educación.

El logro de mi gobierno fue concretar una agenda de reformas en cuenta la fiscal, y además hacerlo sin privatizar ni debilitar el Estado Social de Derecho.

Hoy, son las voces de terceros, las que se alzan para reconocer que fue eso, hecho por nuestro gobierno y la Asamblea Legislativa anterior, lo que sacó a flote nuestras finanzas y hoy da resultados positivos a Costa Rica. 

Aun así, no digo que lo hecho fuera perfecto.  En el contexto duro que se vivía entonces las soluciones fueron las que eran posibles. Muchos de quienes critican acciones de mi gobierno, nunca se atreven a decir cuál habría sido el otro camino por tomar. Es la crítica sin soluciones de quienes aspiran eternamente a vivir solo de la oposición sin querer asumir nunca la pesada responsabilidad de gobernar.

Como toda obra humana, lo que toca es corregir y perfeccionar lo hecho.  Por ejemplo, si se hizo una reforma fiscal no fue para quitar las ayudas sociales, fue para mantenerlas y ampliarlas.  Y como lo ha explicado bien el ex ministro de Hacienda, Elian Villegas, nada hay en la ley que justifique las disminuciones que sufren hoy los programas sociales.

Entre 2014 y 2022 se mantuvo un modelo de atención sostenido e integral de combate a la pobreza bajo la estrategia Puente al Desarrollo, donde se trascendieron los meros programas sociales de transferencias condicionadas y se logró un verdadero sistema de atención integral para el desarrollo de las personas.

Como tercer objetivo me tracé colocar a Costa Rica en la vanguardia en materia de derechos humanos, de la dignidad de las personas y del ambiente.

Hoy con orgullo podemos decir que somos el primer país de Centroamérica en reconocer el matrimonio entre las personas del mismo sexo.

Se saldó una deuda histórica con las mujeres de muchas décadas en áreas como la anticoncepción de emergencia, el aborto terapéutico en caso de riesgo de la vida de la madre durante el embarazo, o la ley contra el acoso callejero. La igualdad de las mujeres fue un eje transversal durante mi administración, materializado en aprobación de leyes, decretos, emisión de políticas y proyectos de capacitación y emprendimientos. Son luchas por la igualdad real que deben seguir, como las luchas por los derechos de la comunidad LGTBIQ, las personas afrocostarricenses, y los pueblos índígenas.

El Plan de Descarbonización de 2019 convirtió a Costa Rica en el primer país de todo el planeta, después de los Acuerdos de París, en lanzar un plan de esta naturaleza. Pero además, como demostraron estimaciones del BID, prestigiosos centros internacionales y la UCR, el plan genera 40 mil millones de dólares en utilidades netas para Costa Rica.

Un país que se mostró líder en materia ambiental.  La ampliación del Parque Nacional Isla del Coco permitió incrementar la protección de nuestros ecosistemas marinos de un 2,7 por ciento a más de un 30 por ciento.  Con ello, el país cumplió con el compromiso asumido en la Coalición de la Alta Ambición por la Naturaleza -que inició en 2019 liderada por Francia, Gran Bretaña y Costa Rica- de proteger el 30% de la superficie terrestre y marina para el 2030. Este ejemplo, impulsó el acuerdo para la meta global de más de 190 países acordada en la COP15 de Biodiversidad en Montreal en diciembre de 2022.

El trabajo de mi administración, junto a esfuerzos que también venían de antes, logró cosas como construir la nueva torre del Hospital Calderón Guardia y la nueva torre del Hospital México. Ambas permitieron que durante la pandemia nunca cayéramos en saturación hospitalaria, y que siempre hubiera camas y atención para quien lo necesitara. Similar con la construcción de los hospitales de Puntarenas y Turrialba que dejamos muy avanzada, así como una importante cantidad de áreas de salud y Ebais, que nos permitió, entre otras cosas, dar una cobertura a todos los territorios indígenas.

Se impulsaron obras públicas necesarias, muchas de las cuales fueron postergadas por décadas como Circunvalación Norte, donde se construyó el viaducto más grande del país,  y a lo largo del anillo periférico se concretaron proyectos como la Rotonda de Garantías Sociales, la Rotonda de la Bandera y la del Bicentenario, que dieron nuevo rostro a la capital. Los puentes de General Viejo o el binacional de Sixaola así como más de 600 kms en rutas rurales de lastre que pasaron a tratamiento asfáltico y más de 40 obras en 36 cantones dentro del proyecto BID Cantonal.

Logramos con el trabajo de muchísimas personas que Costa Rica fuera miembro de la OCDE, y porque hoy nos comparamos y nos miramos en ese espejo, ojalá ayude a sacarnos del adormilamiento. 

Se dejaron prácticamente para ejecución los proyectos del Tren Eléctrico del Área Metropolitana, el Tren de Carga del Caribe (Telca) y el proyecto de Agua para Guanacaste, entre otros.  Todos proyectos de mejora de vida y de adaptación climática. Y si bien postergados, descartados o nombrados diferente, sé que estos proyectos acabarán viendo la luz cuando haya buena voluntad.

Finalmente, quiero ofrecer una breve reflexión mirando hacia adelante.

Amigas y amigos:  Costa Rica pasa por una nueva tempestad y tiene que reaccionar.   Nosotros logramos cifras récord de incautación de cocaína para los años 2020 y 2021, así como contener los homicidios en el orden de los 600 anuales. No obstante, el año pasado los homicidios superaron los 900, un crecimiento del 50%. Eso es para alarmarnos a todos.  La incautación de la cocaína se redujo a la mitad.

Y no digo esto con placer, sino con profundo pesar: ¿qué fue lo que tanto cambió entre 2022 y 2023 para experimentar esta grave crisis?

Hoy lo que está en juego es el país y verdaderamente se requiere una acción de emergencia. Antes que estar debatiendo si nos dirigimos o no a un narco estado, deberíamos estar entregados en cuerpo y alma a proteger nuestro hogar y nuestra forma de vida.

Si hubiera un solo mensaje que deseara dejar hoy de cara al futuro es este. Hoy, en Costa Rica hay solo un enemigo común y es el crimen organizado. Y todos debemos unirnos para derrotarlo, porque es la mayor amenaza para nuestra niñez, nuestra juventud y nuestra paz. Hay que cerrar filas.

Tanto la seguridad ciudadana del país pacífico y sin ejército, como la seguridad social de la CCSS están en peligro, y debemos protegerlas.

Todo gobierno necesita que le ayudemos. Este no es la excepción. Y debemos hacerlo como deber patrio. Pero también, el gobierno tiene que dejarse ayudar. 

Mi mayor preocupación, entre tanta escaramuza y querella política, es que las acciones requeridas se pospongan, y que suframos aún más. Y no nos llamemos al engaño, porque para arreglar esto se necesita más que leyes. Estoy seguro de que este país puede lograrlo, pero tiene que fajarse para conseguirlo. Costa Rica, tiene que entrarle de lleno al problema, de frente -como lo hizo ante la crisis fiscal o ante la pandemia-, con trabajo en equipo y sin excusas.  Invocar el catecismo costarricense de José Marín Cañas: ¡No aflojar!

Fuera de nuestras fronteras, el mundo también está convirtiéndose en otro.  Independientemente del resultado de la elección en los Estados Unidos, vamos rápidamente hacia un mundo más multipolar.

¿Cómo se debe preparar Costa Rica para eso? En pandemia vimos como las reglas del libre comercio se relativizan según los intereses de los poderosos, o como emergen nuevas barreras proteccionistas. Tenemos que saber leer esa tendencia.

Tras la invasión de Ucrania, el conflicto en Gaza y las tensiones por Taiwán, el mundo está desarrollando de nuevo una carrera armamentista a una espantosa velocidad. Costa Rica debe volver a levantar su voz por el sistema de reglas internacionales y, sobre todo, por la paz. 

Tampoco podemos posponer acciones estratégicas ahí donde nuestro futuro está en la balanza.

Un ejemplo concreto es la agricultura. No podemos jugar con la seguridad alimentaria de nuestra población, literalmente con el arroz, los frijoles, carnes y vegetales. Ya no producimos lo que alimenta a nuestro pueblo. En este contexto tan incierto y volátil, ningún país que protege la seguridad de su pueblo está descuidando la seguridad de los alimentos.

Deberíamos estarnos preparando para brillar en la revolución tecnológica que estamos experimentando. Pero hoy tenemos menos computadoras en las aulas que antes.  Estos peligros y desvíos del camino se pueden corregir. La educación, junto a la seguridad social y la paz, son las bases fundacionales del modelo costarricense. Hoy con mayor estabilidad en las finanzas públicas y en la economía, urge que arreglemos estos elementos fundamentales.


Y sí, necesitamos crecimiento económico.  Pero creo que donde hemos fallado no es solo en la distribución de ese crecimiento, sino que también hemos fallado como sociedad en fortalecer el sentido de dignidad de todos los hogares en todos los rincones del país.

Hemos perdido cohesión y se nos hace más fácil enfrentarnos los unos a los otros, que entendernos como hijos e hijas de una misma patria.  Podemos pensar o vivir de maneras distintas, pero todas y todos somos merecedores de un mismo sentido de respeto, de dignidad humana y oportunidades.

Las élites económicas deben ser más generosas, los nuevos medios de comunicación más veraces y los viejos evitar las tentaciones hacia la frivolidad; el Poder Judicial debe ser más ágil, y los partidos políticos tenemos que ser menos politiqueros y más políticos. Ejercitar más la prudencia y menos la polarización.

Estoy convencido que vivimos en el país más hermoso del mundo.  Y no solo por las bellezas naturales que se nos entregó para cuidar. Costa Rica es un país, su gente, y también es un ideal que significa paz, bienestar, naturaleza y libertad.

Costa Rica es una idea que apunta a estar bien, bien con los demás y con el entorno, no a acumular dinero sin límites. Una idea de que es posible la fraternidad entre las naciones y las gentes, y el respeto de los derechos humanos y de la diversidad.

Una idea que, hoy que me gano la vida temporalmente fuera del país, de forma recurrente encuentro que fascina, intriga y causa la envidia amistosa de muchas personas alrededor del mundo.

Amaré a este país mientras esté vivo, como amo a mi hijo, con todo mi ser.  No aflojemos nunca. Y siempre, siempre: Amemos y cuidemos a Costa Rica¨. Dijo el expresidente Carlos Alvarado

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