Periodista Luis Ramón Carranza, Laregióncr y el Norte Hoy
Hay historias que nacen del dolor, pero terminan convirtiéndose en esperanza. La de Proyecto Daniel es una de ellas.
Lo que comenzó con el sueño de un joven costarricense que enfrentó el cáncer terminó transformándose en una organización que durante 16 años ha buscado que ningún adolescente o adulto joven tenga que vivir un diagnóstico de cáncer sintiéndose solo, incomprendido o invisible.
Ahora, ese esfuerzo recibe un nuevo reconocimiento, el Premio Nacional de Juventudes Jorge Debravo 2026, en la categoría de Organización Social, dentro del área de Salud Mental y Bienestar. El reconocimiento fue recibido por Ligia Bobadilla, presidenta de Proyecto Daniel, durante el acto oficial de premiación.
Más que un premio, para Ligia Bobadilla Matta y Bernardo Arce Gutiérrez fundadores de la organización se trata del reconocimiento a una historia construida alrededor de jóvenes, familias, voluntarios, profesionales y personas que decidieron acompañar un proceso que muchas veces comienza con una de las noticias más difíciles que puede recibir una familia: “su hijo tiene cáncer”.
El sueño de Daniel

La historia se remonta a Daniel Arce Bobadilla, nacido el 2 de diciembre de 1988. Era el menor de tres hermanos y, según el relato de su familia, se caracterizaba por su personalidad extrovertida, su facilidad para hacer amigos y su pasión por los deportes y la música.
Su vida cambió cuando fue diagnosticado con osteosarcoma, un tipo de cáncer de hueso.
Daniel fue recibido como una excepción en el Hospital Nacional de Niños, donde recibió buena parte de su tratamiento. Durante sus hospitalizaciones comenzó a observar una realidad que marcaría el resto de su vida: los adolescentes con cáncer necesitaban espacios y una atención diferente a la de los niños pequeños, pero también distinta de la de los adultos.
Esa experiencia hizo nacer un sueño.
Daniel quería impulsar en Costa Rica un lugar diseñado específicamente para adolescentes con cáncer. Durante tratamientos realizados también en Estados Unidos, pudo conocer centros donde los jóvenes contaban con ambientes adaptados a su edad y comprendió cuánto podía influir ese entorno en su bienestar.
Incluso orientó sus estudios universitarios hacia las finanzas pensando en que, algún día, esos conocimientos le permitirían conseguir los recursos necesarios para hacer realidad su proyecto.
Daniel no logró ver construido ese hospital. Sin embargo, su sueño sobrevivió a su partida y se convirtió en la semilla de Proyecto Daniel. La organización señala que su misión es mejorar la calidad de vida de adolescentes y adultos jóvenes de 13 a 25 años diagnosticados con cáncer en Costa Rica.
Cuando una familia convierte el dolor en servicio

Detrás de Proyecto Daniel están Bernardo Arce Gutiérrez y Ligia Bobadilla Matta, padres de Daniel.
Ellos conocieron de primera mano el miedo, la incertidumbre y la angustia que provoca recibir el diagnóstico de cáncer de un hijo.
Pero, después de atravesar esa experiencia, decidieron transformar el dolor en una causa.
Junto con familiares, amigos de Daniel y sobrevivientes de cáncer que habían enfrentado diagnósticos siendo muy jóvenes, comenzaron a construir una organización que buscara brindar a otros adolescentes algo que Daniel había considerado fundamental: un espacio adecuado para su edad, cálido, humano y lleno de esperanza.
Proyecto Daniel quedó constituido como asociación en 2010. Desde entonces, el sueño de aquel joven comenzó a adquirir forma.
La propia organización resume ese propósito en una idea poderosa: que un joven con cáncer pueda seguir siendo joven, incluso mientras enfrenta tratamientos, hospitalizaciones, incertidumbre y miedo.
“Salas Naranjas” de la esperanza

Uno de los símbolos más visibles de ese sueño son las llamadas “Salas Naranjas”, espacios creados para brindar una atención más adecuada a adolescentes y jóvenes durante sus hospitalizaciones.
La primera etapa llegó el 31 de enero de 2012, con la inauguración de dos salas en el Hospital San Juan de Dios. Posteriormente se habilitaron espacios en el Hospital México, en 2013, y en el Hospital Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, en 2017.
Más que sobrevivir: seguir soñando
Enfrentar un cáncer durante la adolescencia o la juventud significa hacerlo mientras la vida apenas comienza a abrirse.
Son años de estudios, amistades, primeros proyectos profesionales, relaciones, viajes, deportes, música y sueños.
Un diagnóstico puede detener muchas de esas cosas de golpe.
Por eso, el trabajo de Proyecto Daniel no se limita a crear infraestructura hospitalaria. Su propósito también consiste en visibilizar a una población que necesita ser escuchada y acompañada de acuerdo con su edad y sus necesidades particulares.
La organización reportó en 2024 que había impactado la vida de más de 3.000 adolescentes y adultos jóvenes, convirtiéndose para muchas familias en una especie de familia extendida durante el proceso de enfermedad.
Y esos corazones lo hicieron crecer.
Hoy, cada sala naranja, cada visita, cada actividad, cada abrazo, cada acompañamiento y cada joven que encuentra un espacio donde sentirse comprendido son parte de aquella misma idea que nació cuando un muchacho se preguntó por qué los adolescentes con cáncer no podían tener un lugar pensado para ellos.
Daniel se fue, pero su sueño se quedó.
Y 16 años después, ese sueño sigue caminando por los hospitales, entrando en las habitaciones, acompañando a las familias y recordándoles a los jóvenes que, aun en medio de la enfermedad, todavía hay razones para sonreír, para luchar y para seguir soñando.




