Los Padres de familia durante el primer año de vida de su bebé, pierden entre 400 y 700 horas de sueño, lo que se traduce en casi 88 noches sin dormir, lo que es igual a 88 noches de sueño, esto según un cálculo realizado por el Instituto Europeo de Calidad del Sueño.

Esta pérdida del sueño puede generar a los padres desde irritabilidad, depresión y ansiedad, también se asocia con problemas cardiovasculares, de riñón, obesidad y diabetes.

Indica la publicación que los problemas del sueño son una de las consultas más comunes en pediatría. “El 30% de los niños presentan trastornos del sueño a lo largo de su infancia”, afirma el doctor Manuel Sampedro, si bien en un gran número de casos las expectativas de los padres son muchas veces la causa del supuesto problema de sueño de sus hijos.

“Todo padre debería saber que durante el primer año de vida del bebé perderá entre 400 y 700 horas de sueño por los desvelos de su hijo. Los niños no nacen sabiendo dormir, sino que aprenden durante su desarrollo psicomotor. De hecho, en los primeros años de vida tienen varios despertares a lo largo de la noche”, explicaba el pediatra.

El primer año de vida es muy importante a la hora de adquirir patrones de sueño. Está comprobado que los niños que duermen de forma autónoma tienen menos despertares con reclamo. Los primeros seis meses de vida, un bebé dormirá hasta 17 horas, pero lo hará en ciclos de tres y cuatro horas. No será hasta los 6 o 7 meses de edad cuando los niños consigan un ritmo de sueño nocturno continuado.

Una de las herramientas para detectar estos problemas es llevar una agenda de sueño del niño. El pediatra puede detectar alguna anomalía y empezar por descartar otras patologías, pasando después a la reeducación del niño en el sueño. La medicación sería la última medida.

El estudio también señala que no existen datos absolutos sobre cuántas horas diarias debe dormir un niño o un adolescente pero sí hay unas recomendaciones para una salud óptima, que vienen de la mano de la Academia Americana de Medicina del Sueño (AAMS) y que establecen que un bebé entre 4 y 12 meses de edad debería dormir de 12 a 16 horas diarias; de  1 a 2 años de edad, de 11 a 14 horas diarias; de 3 a 5 años, de 10 a 13 horas; de 6 a 12 años, de 9 a 12 horas; y de 13 a 18 años, de 8 a 10 horas de sueño diarias.

Déficit crónico del sueño ataca a adolescentes

En cuanto a los adolescentes, se está detectando un problema grave, que es el déficit crónico de sueño. Una forma de comprobar este déficit es supervisar si los jóvenes duermen dos o tres horas más el fin de semana que durante la semana. En algunos casos puede ser por una patología, pero en otros se llega a ello por malos hábitos de retrasar el sueño y muchas veces es por un uso inadecuado de la tecnología antes de ir a dormir. Algunos niños con TDAH presentan también problemas de sueño asociado.

El ser humano invierte, aproximadamente, un tercio de su vida en dormir, una actividad que es absolutamente necesaria porque permite funciones fisiológicas imprescindibles para el equilibrio psíquico y físico.

El sueño juega, según los pediatras, un papel fundamental en muchas esferas del desarrollo infantil. De hecho, uno de cada cinco problemas de comportamiento infantil está causado por alteraciones del sueño.

Los profesionales de Atención Primaria son fundamentales a la hora de detectar estos posibles problemas y tratarlos, ya que son los primeros consultados por los padres que buscan consejo y/o tratamiento para niños y adolescentes. Sin embargo, estudios recientes apuntan a un posible infradiagnóstico de estas problemáticas, ya que el 20 por ciento de los pediatras no preguntan sobre sueño en los controles de salud.

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