Por Dragus Dolanescu Valenciano
Costa Rica no es solo un punto en el mapa: es el abrazo de nuestros abuelos, la tranquilidad de ver a nuestros hijos caminar hacia la escuela y la fe inquebrantable de que, pese a nuestras diferencias, somos una sola familia.
En las últimas semanas he debatido, me he apasionado y he defendido mis ideas con fuerza —como lo hice al manifestar mi apoyo a Álvaro Ramos—, porque hoy la gente no vota por partidos, sino por personas y su liderazgo. Lo hago movido por un profundo amor por esta tierra que tanto me duele y me importa.
Respeto frente al insulto
En este camino he observado con preocupación cómo el insulto ha intentado reemplazar al argumento y cómo la agresividad amenaza con silenciar el respeto.
Hoy, a una semana del domingo 1 de febrero, siento la necesidad de hacer una pausa y mirarnos a los ojos. Costa Rica es un mosaico maravilloso: somos blancos, negros, morenos; raíces indígenas, chinas y migrantes. Somos católicos, evangélicos, agnósticos y ateos.
Esa diversidad de colores y almas es lo que nos hace grandes. A todos nos une el mismo orgullo: vivir en una tierra de paz.
El verdadero patriotismo
No hablo desde una preferencia política, sino desde la decencia y el amor por la patria. El patriotismo no se mide por quién grita más fuerte, sino por quién respeta más al prójimo.
Pase lo que pase, Costa Rica no es solo sus símbolos ni sus gobiernos de turno; la patria vive en la persona de al lado, en tu vecino, tu compañero de trabajo, tu familia.
Tres compromisos para esta última semana
1. Votar con convicción y valentía
La democracia se defiende en las urnas, no con ataques en redes sociales. Te invito a votar masivamente el próximo domingo.
El voto es nuestra herramienta más poderosa para decidir el rumbo del país con libertad y sin miedo.
2. Cambiar el insulto por el respeto
Las emociones están encendidas, pero la verdadera valentía civil consiste en mantener la calma frente a la provocación.
No permitamos que el odio nos robe la paz social. La amistad cívica debe prevalecer sobre las diferencias partidarias, porque después de la elección seguiremos siendo hermanos de patria.
3. Confiar plenamente en nuestra institucionalidad
Costa Rica cuenta con un Tribunal Supremo de Elecciones ejemplar. Debemos aceptar los resultados con madurez, humildad en la victoria y dignidad en la derrota.
La estabilidad nacional depende de nuestro respeto sagrado a la voluntad popular.
Una patria que pertenece al futuro
La soberanía costarricense se sostiene en nuestra historia —con sus luces y sombras—, pero sobre todo en nuestro futuro como pueblo. Debemos recordar que Costa Rica no nos pertenece a nosotros: pertenece a los hijos de nuestros hijos.
Independientemente de nuestras preferencias, el 2 de febrero seguiremos siendo vecinos, compañeros y familia.
Que esta última semana sea de reflexión serena y que el próximo domingo sea, ante todo, una fiesta de la libertad.
Nos vemos en las urnas.



