El Corredor Biológico Interurbano Cubujuquí, ubicado en el cantón de Sarapiquí, cumple su primer año de tejer lazos entre la biodiversidad y la gente desde su creación, consolidándose como un modelo de conservación y restauración ecológica en entornos urbanos.
Consiste en un área de más de 230 kilómetros cuadrados, que benefician a más de 386.000 personas y protegen una biodiversidad única con más de 300 especies de aves, 45 mamíferos, 25 anfibios y más de 1.000 especies de plantas.
Entre sus especies emblemáticas destaca el sapo de Holdridge, un anfibio endémico de Costa Rica y en peligro crítico de extinción, cuya presencia en el corredor simboliza la resiliencia de los ecosistemas urbanos.
Este proyecto es productor de una alianza entre la compañía FIFCO y la Universidad Nacional (UNA), iniciativa que demuestra que es posible combinar la producción industrial con la regeneración ambiental.
“La biodiversidad necesita del compromiso conjunto de comunidades, instituciones y empresas. El CBI-Cubujuquí es un claro ejemplo de nuestra filosofía de Sostenibilidad Expansiva, de cómo las alianzas entre el sector público, académico y privado pueden transformar el paisaje urbano y generar beneficios tangibles para la naturaleza y las personas”, destacó Maria Pía Robles, directora de Relaciones Corporativas de FIFCO.
El pilar educativo de este Corredor Biológico Interurbano también impulsa programas de educación y sensibilización ambiental, voluntariado corporativo y actividades de ciencia ciudadana, acciones que se enmarcan en la estrategia ambiental de la compañía y de sus metas de sostenibilidad a 2027, que incluyen restaurar ecosistemas, proteger áreas marinas, terrestres y promover la conectividad ecológica.
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