- La falta de autoregulación incide en casos de bullying y violencia, alertan expertos.
La escena en la que familiares suministran aparatos tecnológicos a menores de edad de primera infancia, desde 0 hasta 5 años, para entretenerles, mantenerles ocupados o incluso calmarles, haciendo referencia al término “chupeta electrónica”, es cada vez más común en Costa Rica.
Sin embargo, esta práctica causa gran preocupación entre profesionales, quienes alertan sobre los efectos en el desarrollo de la niñez y piden a las personas encargadas, regular y supervisar el uso de la tecnología en todas las edades, pero especialmente en la primera infancia.
“Una de las implicaciones más graves es que un uso excesivo de tecnología en estas edades dificulta el desarrollo de la autorregulación emocional, una habilidad clave que permite a los seres humanos manejar la frustración, calmarse y responder de forma adecuada ante distintas emociones”, advierte Pablo Sibaja, representante del Colegio de Profesionales en Orientación (CPO).
Sibaja agrega que cuando una niña o un niño aprende que solo puede tranquilizarse a través de un aparato tecnológico, pierde la oportunidad de experimentar y manejar emociones como el aburrimiento, la tristeza o la frustración. Esto puede traer consecuencias en su adolescencia y adultez, como dificultades para tomar decisiones, mayor riesgo de involucrarse en situaciones de violencia o bullying y problemas para vincularse socialmente.
“Si no le damos a los niños la oportunidad de aprender qué hacer sin un celular, una tableta o un videojuego cuando están aburridos o cuando mamá y papá no pueden atenderles, les impedimos desarrollar recursos básicos como calmarse por sí mismos, esperar o manejar la frustración. Acciones tan simples como aprender a respirar para tranquilizarse se vuelven imposibles si cada vez que surge un berrinche o un enojo se recurre al dispositivo”, asegura.
El CPO reitera que el acceso indiscriminado a celulares, tabletas o videojuegos desde edades tempranas genera además otros efectos negativos, como la reducción del juego libre y la creatividad, la dificultad para socializar cara a cara y la dependencia de estímulos inmediatos que pueden derivar en conductas adictivas.
El gremio insiste en que, la autorregulación emocional en la niñez se desarrolla a través de experiencias reales, con el acompañamiento de sus padres y que las niñas y niños necesitan sentir y vivir todas sus emociones: enojo, tristeza, aburrimiento o alegría para aprender a reconocerlas y manejarlas.
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