Mientras el Concejo municipal de San Carlos recorta 440 millones de colones a la partida de caminos vecinales, recursos que no genera el municipio porque provienen de la Ley 8114, comunidades como Chamorro, Chorreras, Coopevega, Crucitas, El Jardín, El Roble, La Palma, Moravia, Río San Carlos, Río Tico, San Francisco y San Vito de Cutris, así como Banderas, El Campo, El Concho, La Guaria, Llano Verde San Isidro de Tiricias, San Cristóbal, La Aldea y El Conchito de Pocosol luchan contra el barro todos los días para llegar a la escuela, el EBAIS o para sacar sus productos al mercado.

Si la vida es difícil para quienes viven en pobreza en la urbe, en estas comunidades, sus habitantes son hombres y mujeres guerreros, que luchan por el desarrollo y llevar la comida a sus familias con las manos vacías, olvidados por gobiernos locales y nacionales, porque son los vecinos de la otra Costa Rica.

Cada actividad en estas comunidades requiere un sacrificio extra. Presentarse a trabajar, ir a la escuela o colegio, llegar al centro de salud y hasta bañarse debe estar planificado con tiempo extra.

Los caminos de barro rojo como la sangre los esperan todas las mañanas, tardes y noches, como queriendo recordarles cada momento su infortunio y, en cada paso, grilletes de barro espeso hacen más pesado su caminar y salpican su cuerpo para marcarlos como los olvidados de la Patria.

Es ahí donde surgen líderes como Juan Pablo Rodríguez y Manuel Castro, quienes de manera desinteresada, aprovechando sus conocimientos, se prestan a servir a los vecinos.

Juan Pablo Rodríguez es un administrador de empresas y Manuel Castro, un pequeño empresario. Ambos viven en Boa de Arenal de San Carlos con todos los servicios básicos satisfechos.

Ellos, sin recibir remuneración alguna, se han convertido en los guardianes de estas comunidades fronterizas, ahí donde a sus habitantes se les atropellan todos los días derechos humanos fundamentales, como el acceso a la educación, la salud, agua potable y en general, a una vida digna.

Cuando llueve, los chapulines y las cadenas son la salvación para lograr sacar los vehículos atascados en el barro de los caminos municipales y en pésimo estado en los distritos fronterizos de San Carlos. Foto cortesía.

¨Comunidades me despertaron el gusanillo de las luchas por los olvidados¨

Juan Pablo Rodríguez recuerda que hace unos tres años y medio, unos vecinos le pidieron ayuda para redactar un documento y gestionar colaboración para reparar caminos de tierra, siendo un profesional accedió y fue allí donde se le despertó el «gusanillo» de las luchas comunales.

Desde entonces, Rodríguez, junto a dirigentes en cada una de las comunidades organizan, proponen y dan seguimiento a sus gestiones para lograr algún día la atención de las autoridades, tanto del gobierno central como de la Municipalidad de San Carlos.

¨No entendemos por qué no escuchan, traer material desde La Fortuna hasta la frontera no es viable, aquí hay tajos a tres kilómetros y solo falta voluntad política para explotarlos, de igual forma, estamos solicitando a la Municipalidad de San Carlos un estudio actualizado de los caminos de tierra y los puentes de Cutris y Pocosol en mal estado¨, enfatizó el dirigente comunal.

Sobre el recorte de los recursos para caminos por parte del Concejo Municipal de San Carlos, Juan Pablo manifestó que ellos no están en contra de las obras que quieren realizar, todo lo contrario, lo que lamenta es que no se priorice los caminos de tierra en las comunidades más alejadas del cantón.

El cantón de San Carlos es más grande del país, con la más extensa red vial, que comprende 2241 kilómetro de caminos.

Años atrás, regidores municipales plantearon una moción para que durante un año, se hiciera una moratoria a las nuevas carpetas asfálticas y se destinaran esos recursos a los caminos en tierra en el cantón, pero no hay avances. Foto La Región.
Exit mobile version