El precio del dólar sigue bajando, pero los bienes y servicios no bajan. El problema del manejo de la política cambiaria no es de ahora, varios gobiernos han desarrollado políticas que han favorecido y afectado a grupos económicos específicos.
Recuerdo como si fuera hoy al presidente del Banco Central (BCCR) en el gobierno de Carlos Alvarado, el señor Rodrigo Cubero, decir que el dólar difícilmente iba a bajar cuando comenzó a subir hasta llegar a casi los 700 colones por dólar; muchas personas, con base en ese criterio, hicieron movimientos financieros que, al día de hoy, han significado grandes pérdidas por la revaluación del colón y para otros grandes ganancias por la misma razón.
Los fundamentalistas del libre mercado son los que han abogado por la actual política cambiaria. Son ellos mismos quienes dijeron que las minidevaluaciones y después la política de flotación administrada ya no eran funcionales para la economía costarricense; sin embargo, cuando la política de liberación cambiaria ya no favorece sus intereses, entonces abogan por la intervención del BCCR sin el menor sonrojo.
El dólar baja y baja, pero ello no se refleja en el costo de los bienes y servicios que consumimos. Seguimos pagando precios como si el dólar estuviera todavía en 700 colones por dólar, se trata de algo que todos observan y que no requiere estudios de economía para entenderlo; ahora, las personas que han tenido una educación básica en economía y particularmente en política cambiaria, comprenden que el tipo de cambio es una herramienta financiera para controlar la política monetaria en un país.
La última vez que escribí sobre este tema, salió a flote la clásica falacia ad hominem de que por ser filósofo no puedo opinar de economía. La gente que emite esta clase de falacias no comprenden que la filosofía es la madre de todas las ciencias, entre ellas las ciencias económicas; en palabras sencillas, son tan ignorantes que no entienden que autores como Adam Smith, David Ricardo, Karl Marx, antes que economistas eran filósofos, no entienden que contemporáneos como Amartya Sen, Joseph Stiglitz o Thomas Piketty también hacen filosofía.
Con el cuento del tipo de cambio, durante ya casi cuarenta años, Costa Rica se volvió uno de los países más caros del continente. Cada vez que subía el dólar decían que había que ajustar los precios que se cobraban por los bienes y servicios, sin embargo, cuando ocurre el fenómeno contrario, no se reduce lo que anteriormente fue objeto de aumento; no hay que ser economista o experto en finanzas para entender que nos han venido engañando.
Costa Rica llegó a tener el precio del dólar a casi 700 colones y hoy en día está cercano a los 500 colones. Se trata de una realidad monetaria que ninguno de los detractores de la filosofía puede negar, los que dicen saber de economía deberían entender que defender el discurso de la oferta y la demanda resulta obsoleto en contextos en que se está frente a una manipulación descarada del Banco Central de Costa Rica.
El autor de este artículo de opinión es Filósofo.
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