- Por Daniel Ivanov García.
Hace poco estalló una polémica porque una extranjera afirmó que la frase “pura vida” era, en el fondo, una hipocresía. En su momento no lo vi así. Sin embargo, para quienes hemos hecho vida en Costa Rica, aportando miles de dólares a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) y contribuyendo con nuestro trabajo y compromiso, esa afirmación puede tener más sentido de lo que aparenta.
Esta Nación maravillosa ha sido un refugio para quienes hemos tenido el privilegio de ser acogidos. Es un país que ha abierto sus puertas con calor humano y generosidad, brindando segundas oportunidades a miles de personas. Justamente por eso, quienes la valoramos queremos protegerla, no solo de enemigos visibles, sino también de los invisibles, que suelen ser mucho más dañinos.
Al analizar la economía y la vida cultural del país, aparece un factor que limita el crecimiento y reduce la competitividad a nivel global: el nepotismo. Este mal, silencioso pero persistente, ha impregnado gran parte de la sociedad costarricense, hasta el punto de convertirse en una “normalidad” casi aceptada.
Existe un dicho popular: “Lo malo de la argolla es no estar adentro”. Aunque se dice con humor, en realidad minimiza las consecuencias graves de este fenómeno: baja productividad, toma de decisiones deficientes, freno a la innovación y, en última instancia, la creación de una cultura de privilegios.
El nepotismo no se limita a vínculos familiares, también se da entre amistades y círculos de confianza. El problema es que, al intentar erradicarlo, parece que se “traiciona” al pariente, al amigo o al conocido. Lo que muchos no perciben es que el costo lo termina pagando toda la sociedad.
El alto costo de vida, la ineficiencia institucional y hasta la corrupción no son hechos aislados: son efectos directos de este veneno que encarece lo que debería ser accesible y obstaculiza lo que debería ser ágil.
En un mundo cada vez más competitivo, nuestras decisiones deben orientarse al bien común, no al beneficio de unos pocos. No podemos debilitar al sistema, a la empresa ni al país entero para favorecer a nuestros círculos cercanos.
El nepotismo parece un crimen sin víctimas, pero en realidad la víctima es todo un país que paga con inflación, delincuencia, caos vehicular y falta de soluciones eficientes.
Costa Rica merece seguir siendo un lugar de oportunidades, pero para lograrlo debe enfrentar con firmeza ese monstruo invisible que roba futuro: el nepotismo.
El autor de este artículo de opinión es Odontólogo.
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