La joven Hellen Barrantes, vecina de Sucre de Ciudad Quesada, San Carlos, fue ganadora este año 2022 con el premio “Fernando Soto Harrison”, que se otorga a la mejor tesis presentada en las áreas de Ciencias Sociales, Ciencias Jurídicas y Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Este premio busca galardonar a los estudiantes universitarios que han realizado trabajos de investigación con un fuerte impacto social, el cual sigue siendo un legado en su ausencia.
Don Fernando Soto Harrison, al fallecer en el 2006, legó un fondo a la UCR para recompensar los mejores trabajos de graduación realizados durante el año, en el área de las Ciencias Sociales hasta el 2036, con $3.000 anuales,
La ceremonia de premiación de este año se realizó el lunes anterior y en el caso de Hellen Barrantes, el reconocimiento lo obtuvo gracias a un trabajo de investigación sobre el tema “La disponibilidad del derecho a la salud y a la autodeterminación frente a la eutanasia activa”.
El trabajo de investigación de esta vecina de Sucre de Ciudad Quesada fue reconocido como el mejor por su aporte social en un tema tan controversial en Costa Rica.
Según comentó Hellen a La Región, su trabajo de investigación partió de evidenciar que en el derecho a la vida se incluye el derecho a una muerte digna y el artículo 126 del Código Penal, que es el que actualmente prohíbe la eutanasia, al no regular estos temas, lejos de proteger está dejando en indefensión a un sector muy vulnerable de la población.
Explicó que existen diferentes tipos de eutanasia, la activa, la indirecta y la pasiva.
Sobre esta última, señaló que se encuentra en una zona gris a nivel reglamentario en Costa Rica y es cuando una persona se encuentra conectada a una máquina, se declara con muerte cerebral y se le desconecta para que muera. Y eso no está permitido ni prohibido, pero se hace en los hospitales.
Sobre la eutanasia indirecta, la Sancarleña explicó que es aquella donde la persona tiene una enfermedad terminal y le suministran medicamentos para contrarrestar los dolores, pero, que le pueden causar la muerte, por ejemplo, el uso de la morfina.
La eutanasia activa es aquella donde la persona está también en una fase terminal, está sufriendo y, de forma voluntaria, decide la muerte. Para ello, debe pasar por todo un proceso y exámenes, pero se cumple la voluntad de la persona, con acompañamiento médico y en un ambiente familiar.
“El trabajo de investigación profundizó sobre el tema de la eutanasia activa, el tema jurídico, los derechos de las personas y la doble moral que, como país tenemos sobre este tema” dijo la investigadora.
Hellen Barrantes contó a La Región que hizo la primaria en la escuela y el Liceo de Sucre, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Costa Rica gracias a una excepción que se realizó por un año para dar oportunidad a estudiantes de las zonas rurales.
Se tuvo que enfrentar a las diferencias que existen en la calidad de la educación entre los estudiantes del área metropolitana y las zona rurales de Costa Rica y hoy, gracias a su esfuerzo, logra el reconocimiento con el premio Fernando Soto Harrison.
Dentro de su trayectoria en la universidad, Hellen siempre tuvo beca de excelencia académica, fue parte de la asociación de estudiantes de derecho de la universidad, creó una comisión de alto al acoso sexual, trabajó en la Sala Constitucional, también en una ONG de la Embajada de Estados Unidos y, actualmente, es parte de un bufete en temas de derecho público como abogada asociada.
Sobre el premio, ella explicó que tiene un gran significado porque es de las estudiantes de zonas rurales que demuestra que todos somos capaces de lograr lo que queremos, aún con las deficiencias del sistema educativo costarricense.
“Es la recompensa al esfuerzo, a la disciplina y un ejemplo de que las oportunidades hay que aprovecharlas”, sostuvo esta vecina de San Carlos.



