Sobre el río Toro, límite natural entre los cantones de Río Cuarto y San Carlos, existe un centenario puente de unos 24 metros de largo y escasos dos metros de ancho, que en aquella época fue pensado para el paso de jinetes y carretas con bueyes.

La estructura, que luce casi tragada por el verdor del bosque lluvioso, en los predios del Proyecto Hidroeléctrico Toro 3, acaba de obtener una distinción: La declaratoria de Patrimonio Histórico-Arquitectónico de Costa Rica.

En este 2023, próximo a cumplir un siglo de su inauguración, el 15 de mayo de 1924, pareciera ser un galán de pueblo que tuvo mejores tiempos, cuando fue construido para facilitar el paso y con este. el comercio y el progreso a las familias colonizadoras que se asentaron allí, así como continuar con la ansiada expansión agrícola hacia el noroeste del país.

 “Junto al puente sobre el río La Vieja, estructura declarada patrimonio en 1995, el puente sobre el río Toro constituyó en las primeras décadas del siglo XX, la puerta de entrada a las vastas llanuras sancarleñas y con ello, la oportunidad de explorar y explotar la riqueza agrícola, forestal, biológica, y en la actualidad, turística, de sus tierras. También, permitió el desarrollo y bienestar de los habitantes de las poblaciones que ahí se estaban gestando, por tanto, esta estructura vial forma parte del devenir histórico, económico y social de esa región”, dijo Sonia Gómez, historiadora del Centro de Patrimonio Cultural.

Hoy, la carretera por la cual pasa el queso, el ganado o la piña de las llanuras norteñas tiene otra ruta, por eso, la popularidad del viejo puente vino a menos, luego de 50 años de servicio.

No obstante, a pesar de vestirse continuamente de musgo y a la ausencia de unas cuantas piezas que adornaban sus barreras, no pierde su gallardía como tampoco su integridad patrimonial, ya que, según determinaron los profesionales del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, subsiste sin transformación, tal cual como fue construido entre 1922 y 1924.

El puente antiguo sobre el río Toro permanece como testimonio del crecimiento económico de la Región Norte, de la expansión agrícola y de los primeros puentes en concreto armado de Costa Rica, que realizó la Dirección General de Caminos en sustitución de los de hierro y madera.

 Características: 

Según indica el estudio hecho por los profesionales del Centro de Patrimonio Cultural, tipológicamente el puente es de arco inferior a la línea de calzada.

Como todo puente, cuenta con dos accesos y en cada uno hay columnas enmarcando las entradas a ambos lados y de diferentes alturas en cada extremo, debido a que los niveles del terreno que hay entre uno y otro, no son iguales.

 En la margen derecha del cauce, el nivel de acceso es de un metro por debajo del nivel general del puente por lo que existe una pequeña rampa que se ensancha ligeramente con los aletones del bastidor. En la margen izquierda, el nivel de acceso del terreno coincide con el nivel de la superficie de rodamiento del puente.

De las columnas salen las barreras laterales a todo lo largo de la estructura, aproximadamente 17 metros. Cada barrera posee cuatro columnas por lado, sobre estas quedan algunos elementos decorativos en forma de tetraedro.

Las barreras laterales que constituyen el puente, tienen una altura de un metro treinta centímetros desde el centro del puente hasta la margen izquierda y aumentan gradualmente desde el centro del puente hasta llegar a la margen derecha, alcanzando unos dos metros de altura.

El puente antiguo sobre el río Toro fue construido entre 1922 y 1924 para el paso de jinetes y carretas con bueyes. Foto cortesía.

Conocimiento popular y esfuerzo comunal

No solo fue la nueva ciencia ingenieril de principios del siglo XX la que logró la hazaña de su construcción, además, se contó con el conocimiento popular y el esfuerzo comunal de los vecinos de Río Cuarto y San Carlos.

Fue Florindo Arce, un finquero de Venecia, aficionado a la cacería y gran conocedor del lugar, quien localizó el mejor punto para construirlo

Arce ubicó un peñasco situado a dos kilómetros aguas arriba del anterior puente de hamaca, “donde las rocas de ambos lados del río casi se juntan, dejando un claro o separación de menos de veinte varas”.

“Una labor que la memoria comunal destaca, pero, las memorias oficiales no es la chorrea del piso y las barandas, pues esta pondría a prueba el espíritu de solidaridad, cooperación y desarrollo comunal de estos pueblos, ya que debía hacerse con palas y de una sola vez, sin parar, pues de lo contrario, se podría echar a perder toda la obra. Así, durante dos días y una noche, turnándose para no parar, alumbrándose con carburas y churucas, las cuadrillas de valientes hombres realizaron esta agotadora faena, auxiliados por otras esforzadas colaboradoras, que fueron las damas, quienes se instalaron en un rancho grande, a modo de campamento, para cocinar los alimentos que dieron fuerzas a estos hasta terminar las obras”, describió la historiadora en el estudio de declaratoria.

Además de Arce, en esta ardua tarea se recuerdan los nombres de Alfonso Pérez, Fenelón Quesada, Nardo Mesén, Eloísa Rodríguez, Belfor Méndez, Enrique Camacho, Oscar Kopper, Rafael Cascante y Ronulfo Picado, entre otros colaboradores.

El puente es, además, el primer inmueble declarado patrimonio del joven cantón de Río Cuarto y el tercero de San Carlos, junto al puente del río La Vieja y el templo de Venecia.

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