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    Discapacidad, indiferencia y derechos: un llamado urgente

    RedacciónRedacciónseptiembre 12, 2025 Noticias Costa Rica
    La persona con discapacidad tiene las mismas metas e ilusiones de cualquier ser humano. Foto con fines ilustrativos.
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    • Por María de los Ángeles Chacón Eduarte.

     ¿De qué sirve la indiferencia? y ¿de qué sirve hacer diferencias?

    Hagamos un repaso por la dura y cruel realidad de la persona con discapacidad a través de la historia. En la Grecia clásica, los recién nacidos eran examinados por ancianos, si mostraban signos de discapacidad, eran arrojados al monte Tigüero para morir, porque se valoraba el cuerpo atlético y perfecto; los discapacitados eran vistos como “defectuosos”.

    En Roma, el padre tenía derecho de vida o muerte sobre el hijo y podía decidir eliminar a un hijo con discapacidad. Quien no podía servir al Estado, era menos valorado. En Egipto y Mesopotamia, los discapacitados socialmente eran marginados.

    En la cultura hebrea existían leyes que prohibían a personas con ciertas deformidades físicas oficiar como sacerdotes y frecuentemente asociaban la discapacidad con el pecado.

    En la Edad Media, las discapacidades eran vistas muchas veces como castigo por los pecados de la familia o del individuo. Los discapacitados eran objeto de burla en ferias y espectáculos, como los bufones, enanos y deformes que entretenían cortes.

    También eran considerados poseídos por demonios, llevándolos a exorcismos o incluso hogueras, debido a que, en esos tiempos, muchas enfermedades o deformidades se interpretaban como castigos divinos o señales de maldición.

    En la Edad Moderna, se sigue viendo un continuo desprecio, aunque con la caridad cristiana se fundaron algunos hospicios. Sin embargo, estos lugares solían ser asilos marginales, no espacios de verdadera inclusión. Existía un fuerte estigma. Muchas personas con discapacidad terminaban mendigando o siendo explotadas.

    Aun así, después de la Declaración de los Derechos Humanos (1948), se reconoció el derecho a la dignidad, igualdad y no discriminación para todas las personas, incluyendo las personas con discapacidad.  “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

    En 1981, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el Año Internacional de las Personas con Discapacidad, destacando la necesidad de igualdad de oportunidades.

    En 1993 la ONU aprobó las Normas Uniformes sobre la Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad, como guía internacional.

    En el 2006, se logró el gran paso: la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) de la ONU, que por primera vez obliga a los Estados a garantizar inclusión, accesibilidad, educación, salud y trabajo en igualdad.

    Se empezaron a crear asociaciones de familias y organizaciones que aún hoy abogaban por los derechos de las personas con discapacidad. Sin embargo, en muchos casos, gran parte de los recursos se destina al pago de salarios, especialistas y personal administrativo, y no siempre llega un apoyo directo y tangible a la persona con discapacidad.

    Esto plantea la necesidad de mayor transparencia y control en el uso de esos fondos, así como de explorar mecanismos para que una parte significativa de los recursos llegue directamente a quienes los necesitan, permitiéndoles decidir cómo utilizarlos para mejorar su calidad de vida

    Se comenzaron a hacer leyes específicas en muchos países prohibiendo la discriminación por discapacidad. En algunos países también se impulsaron programas de educación inclusiva y trabajo protegido.   Se promovieron ajustes razonables (rampas, materiales accesibles, lenguaje de señas, braille). En fin, cambió un poco la mirada de “pobrecito” o “enfermo” a una persona con derechos y capacidades.

    Aunque el mundo ha avanzado mucho, lamentablemente las personas con discapacidad siguen sufriendo desprecios, discriminación y exclusión en muchísimos países, incluso en los más desarrollados.

    A veces, incluso entre personas con discapacidad, pueden darse diferencias o distancias, fruto de ideas aprendidas o del desconocimiento sobre otras realidades. Esto recuerda que la inclusión empieza también dentro de los propios grupos, fomentando el respeto y el apoyo mutuo.

    Persisten prejuicios fuertes en el empleo y barreras arquitectónicas. Las personas con discapacidad enfrentan una alta tasa de desempleo y exclusión social. Todavía hay colegios que no admiten adecuadamente a estudiantes con discapacidad intelectual o autismo. Existen instituciones “especializadas” que segregan en lugar de incluir.

    Muchas personas con discapacidad no consiguen empleo, debido a prejuicios como “no va a poder hacerlo”, “es muy lento”; se encuentran con infraestructura no accesible; y son objeto de compasión más que de inclusión real. Para una persona con discapacidad hay más riesgo de maltrato físico, psicológico e incluso sexual.

    Hay médicos y centros de salud donde no se prioriza su atención o asumen que “no vale tanto la pena” un tratamiento costoso en ellos. Entonces, se podría decir que hoy en día las personas con discapacidad siguen sufriendo desprecios, aunque varían en forma y gravedad. Van desde la burla y la infantilización, hasta la falta de oportunidades o la violencia directa.

    Aun así, la persona con discapacidad tiene las mismas metas e ilusiones de cualquier ser humano y sueñan con poder desarrollarse, servir a la sociedad, algunos de ellos han desarrollado: fortaleza emocional y resiliencia, han tenido que aprender a adaptarse a obstáculos y a manejar frustraciones constantes.

    Por lo tanto, tienen una gran capacidad de levantarse después de cada caída. Desarrollan también la creatividad y pensamiento innovador para que de esa manera puedan enfrentar las barreras físicas, sensoriales o cognitivas. Estas personas tienen gran sensibilidad hacia las demás, una comprensión más profunda de las emociones ajenas, el valor del respeto.

    Es así como en todo el mundo, existen personas con Síndrome de Down que han estudiado y alcanzado títulos, algunos son escritores y activistas. Personas con amputaciones, sin brazos ni piernas que son famosos motivadores a nivel mundial como Nick Vujicic. Ni hablar de los Atletas paralímpicos que compiten en Juegos Olímpicos.  Participan en triatlones, nadadores que han ganado medallas en las Paralímpicas.

    Físicos teóricos y cosmólogos, conferencistas mundiales, cantantes que han vendido más de 90 millones de discos, actores, periodistas, conductores, abogados, pianistas, compositores, todos ellos con discapacidad y son símbolos de superación, nos habla de la capacidad humana para adaptarse y crecer.

    El caso de Jean-Dominique Baub, que solo podía mover un párpado y dictó un libro parpadeando: “La escafandra y la mariposa”.

    La accesibilidad no es lujo, es derecho inmediato, para que puedan ir a la escuela, al trabajo o simplemente salir a la calle. Porque aún después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, todavía el mundo necesita entender que las personas con discapacidad tienen los mismos derechos y deben vivir con dignidad e igualdad.

    Aún queda todavía mucho por hacer para eliminar la discriminación. Entonces, vuelvo a las preguntas con que se inicia este artículo: ¿de qué sirve la indiferencia?, ¿de qué sirve hacer diferencias?

    ¿Acaso no saben que, al irse apagando la vida, se van disminuyendo las discapacidades?, ¿acaso no recuerdas que cuando eras bebé te ayudaron a hablar y a caminar, te cuidaron y asistieron?

    La discapacidad no es un “club exclusivo” al que uno pertenece de nacimiento o por accidente, sino una condición que puede llegar a cualquiera en cualquier momento de la vida ya sea por una enfermedad, un accidente o el simple paso del tiempo. El problema es que mucha gente lo ve como algo ajeno, algo que “les pasa a otros” y desde esa distancia crean estereotipos o juicios.

    Si se entendiera que la discapacidad en determinado momento es una parte de la condición humana y no un estado “extraño”, dejaría de verse como algo aislado. La sociedad ganaría mucho si pasara de la lástima o la indiferencia, a la empatía y la accesibilidad real, entendiendo que la inclusión nos beneficia a todos, porque en algún intervalo de la vida todos necesitaremos apoyo de una u otra forma.

    La autora de este artículo de opinión es una persona con discapacidad física.

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    Derechos Humanos Discapacidad Discapacitados Indiferencia Urgente
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