En una finca de San Carlos, donde la tierra húmeda marca el ritmo de la vida, comenzó a escribirse una historia que hoy habla de esfuerzo, familia y resiliencia.
A los 14 años, Verny Vega tomó una decisión que cambiaría su destino: dejar el colegio para dedicarse por completo a la agricultura. No fue una elección fácil, pero sí una profundamente arraigada en su historia familiar. Desde niño había aprendido el oficio junto a su padre, entre surcos, cosechas y largas jornadas bajo el sol.
Lo que empezó como pequeñas parcelas sembradas casi de forma artesanal, pronto encontró un rumbo claro: el cultivo de camote.
Un sueño que nació entre esponjas y barro
Los primeros años estuvieron marcados por la precariedad. Verny y su familia lavaban el camote a mano, usando esponjas, para cumplir con pedidos modestos de apenas mil kilos.
“Es un sueño”, recuerda la familia al mirar atrás.
Hoy, ese mismo emprendimiento se transformó en Agrivega, una empresa familiar liderada por Verny y su esposa, con el apoyo constante de sus padres. La pequeña operación creció hasta convertirse en una planta de 640 metros cuadrados, desde donde se procesan cerca de 9.000 kilos semanales entre camote y yuca.
El salto que cambió la historia
Hace aproximadamente ocho años, Agrivega logró lo que parecía inalcanzable: dejar de depender de intermediarios y convertirse en proveedor directo de Walmart, a través del programa Tierra Fértil.
Este programa impulsa a más de 250 pequeñas y medianas empresas agrícolas en Costa Rica mediante asistencia técnica, capacitación y acceso a mercados estables.
Para Verny, esa alianza fue determinante.
“El crecimiento ha sido enorme. Pasamos de una producción limitada a expandir fincas, comprar maquinaria y fortalecer nuestra planta”, explica.
Ese avance se traduce en cifras concretas: un crecimiento del 237% en compras, adquisición de nuevas tierras, un tractor adicional y la expansión de su infraestructura.
Cuando el clima puso todo en riesgo
El 2024 fue un año que puso a prueba la estabilidad de la empresa.
Las lluvias intensas afectaron severamente la producción de camote. La humedad provocó enfermedades en los cultivos, redujo los ingresos y obligó a replantear el modelo productivo.
Lejos de rendirse, la familia apostó por la adaptación.
Siguiendo recomendaciones técnicas, incorporaron el cultivo de yuca como parte de una estrategia de rotación. Esta decisión no solo permitió recuperar los suelos, sino también reducir riesgos climáticos y estabilizar la producción.
La transformación implicó inversión: ampliación de la planta, compra de un horno secador y una máquina parafinadora, claves para mantener la calidad y reducir pérdidas.
De finca local a exportador regional
Hoy, los productos de Agrivega no solo abastecen el mercado nacional. El camote llega hasta Nicaragua, mientras que la yuca se exporta a Guatemala y Honduras.
El crecimiento también se refleja en el impacto social: la empresa genera alrededor de 20 empleos fijos y abre oportunidades para trabajadores agrícolas de la zona según la temporada.
Un reconocimiento que valida el camino
El esfuerzo constante tuvo su recompensa. Agrivega fue reconocida como Mejor Proveedor Tierra Fértil Costa Rica 2025, un galardón que destaca la calidad, consistencia y compromiso de los productores.
“Primero que todo, gracias a Dios. Este reconocimiento es un sueño hecho realidad que hemos construido con disciplina y unión familiar”, expresó Vega.
Más que números: una historia de familia
Más allá de los logros empresariales, la historia de Verny Vega es la de una familia que apostó por la tierra cuando todo era incierto.
Es la historia de transformar la crisis en oportunidad, de crecer sin olvidar los orígenes y de demostrar que, incluso en los momentos más difíciles, sembrar con constancia también es sembrar futuro.



