Por periodista: Luis Ramón Carranza Cascante
Durante años, quienes caminaban por el centro de Ciudad Quesada se acostumbraron a ver a Gerardo Araya Madrigal, conocido cariñosamente como “Miyagui”. Su figura silenciosa, su andar constante y su mirada esquiva formaban parte del paisaje cotidiano de la ciudad. Hoy, su historia toma un rumbo distinto: uno marcado por la dignidad, el cuidado y la solidaridad.
Vecino de San Juan de Ciudad Quesada, Araya Madrigal vivía en una condición de alta vulnerabilidad. No consumía drogas ni causaba problemas; su única “falta” era una discapacidad que le impidió integrarse al mundo laboral. Sin red de apoyo familiar y limitado en su comunicación balbuceaba algunas palabras al pedir ayuda sobrevivía gracias a la caridad de quienes se cruzaban en su camino.
Aunque su aspecto evidenciaba abandono ropa sucia, cabello descuidado y signos de falta de higiene, muchos recuerdan que en su juventud era común verlo bailar frente a la antigua Discoteca Juvenil, en el Mercado Municipal de San Carlos. Con el paso de los años, aquella energía se transformó en largas caminatas diarias: llegaba por las mañanas al centro y regresaba a pie por las tardes al lugar donde dormía.
Su historia, sin embargo, también refleja una realidad más amplia: la indiferencia social hacia las personas en situación de calle y con discapacidad. Según el Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (CONAPDIS), las personas con discapacidad en condición de abandono enfrentan mayores barreras para acceder a servicios básicos, atención médica y protección social, lo que incrementa su vulnerabilidad y exclusión.
Un cambio posible gracias a la acción conjunta

El destino de “Miyagui” comenzó a cambiar gracias a la intervención de oficiales de la Fuerza Pública destacados en Barrio San Antonio, quienes decidieron ir más allá de sus funciones habituales. En coordinación con el CONAPDIS, iniciaron un proceso integral para garantizarle una vida digna.
El proceso incluyó:
- Tramitación de su cédula de identidad
- Inscripción al seguro por el Estado
- Valoración médica especializada para determinar su condición
- Apertura de una cuenta bancaria en el Banco Nacional de Costa Rica
- Gestión de una pensión ante el CONAPDIS
Durante las gestiones, los oficiales no solo actuaron como facilitadores institucionales. También brindaron acompañamiento humano: lo asearon, alimentaron y atendieron las lesiones que presentaba tras dormir a la intemperie.
Finalmente, este proceso culminó con su traslado a un centro de cuido en San Lorenzo de Tarrazú, en San José, donde recibirá atención permanente bajo supervisión del CONAPDIS. A partir de ahora, “Miyagui” dejará de deambular por las calles y tendrá un espacio seguro donde vivir.
Más que un caso, una llamada a la conciencia

La historia de Gerardo Araya Madrigal no es solo un relato individual. Es un reflejo de las múltiples realidades invisibles que coexisten en las ciudades y que, muchas veces, pasan desapercibidas. También demuestra que la articulación institucional y la empatía pueden generar cambios concretos en la vida de las personas más vulnerables.
En una sociedad donde la prisa suele imponerse sobre la mirada humana, el caso de “Miyagui” recuerda que detrás de cada rostro hay una historia, y que la diferencia entre el abandono y la dignidad puede comenzar con una simple decisión: no ser indiferentes.
Por el momento no veremos más a Gerardo y quizás otro personaje comenzará a escribir una historia similar , Dios permita que encuentre buenos samaritanos sin dejar pasar décadas para actuar.



