Mi papá nos llevó a vivir a Puerto Jiménez como por el año 78 o 79, no existía la carretera de acceso como hoy, se ingresaba por lancha y las condiciones de vida eran limitadas, pocas escuelas y cero centros de salud.
No se explotaba el turismo ni había interés por el tema de la conservación ni interesaba si había o no ballenas para los tours que se hacen hoy.
Lo que sí había eran cientos de oreros artesanales que con pala y pico pasaban semanas internados en la reserva sacando oro.
Fue así como hasta el 85 o después que ingresaron varias empresas con maquinaria y, literalmente, arrasaron los ríos y llegaron hasta los límites del Corcovado, al día de hoy todavía se ven las consecuencias de tal abuso y extracción descontrolada.
Para el 2010, una empresa Alemana hizo un intento por instalar una mina en la cabecera del río Rincón, fue gracias a la acción coordinada de los vecinos y organizaciones que se logró suspender la intención y volvimos a una tranquilidad temporal. Pero, no todo lo bueno dura para siempre.
En el oficio DGM-OD-368-2024, el director de la Dirección de Geología y Minas del Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), Mario Gómez Venegas, le solicita la directora del Área de Conservación Osa, Paula Mena Corea, que brinde las facilidades para el ingreso de un grupo a hacer los estudios para determinar el posible potencial o mejor dicho, cuántos kilos de oro se podrían extraer de las montañas del Parque Nacional Corcovado (PNC). Esto ha encendido las alarmas nuevamente y el rechazo a tales pretensiones.
Hoy la península de Osa mantiene un equilibrio entre una deteriora actividad agropecuaria y un creciente empuje turístico, desde hace más de 20 años.
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El Parque Nacional Corcovado y el golfo Dulce son fuente de ingresos para emprendedores, pequeños empresarios y segundos hoteles, que reciben tanto turismo nacional como extranjero, hay convenios con universidades extranjeras y nacionales para que los estudiantes visiten y realicen estudios de la flora y la fauna del lugar.
Esta dinámica genera gran cantidad de empleo, dinamiza la economía local y fortalece la imagen del país a nivel mundial como protector del ambiente.
La riqueza de la península, el golfo Dulce y el Parque Nacional Corcovado no está en los kilos de oro que se puedan extraer, si eso pasara, en pocos años sería un lugar de muerte y destrucción que nunca se recuperaría. La riqueza está en el desarrollo de un modelo agroturístico, equilibrado y apalancado por políticas municipales para facilitar ese desarrollo.
En este proceso se requiere la insoslayable necesidad del involucramiento de las instituciones, el gobierno local y las organizaciones locales.
El autor de este artículo de opinión fue presidente ejecutivo del Consejo Nacional de la Producción (CNP).



