Álvaro Vega Sánchez, sociólogo.
Para el astrofísico, Michel Mayor, premio Nobel de Física 2019, pensar en un planeta o exoplaneta habitable donde se podría migrar, una vez que hayamos destruido el nuestro, es una fantasía. “Debemos cuidar nuestro planeta, es muy hermoso y todavía absolutamente habitable”.
Costa Rica, ya hace rato ha sabido atender a este sabio consejo del laureado astrofísico. Nuestro distinguido científico, que ha marcado historia en la era espacial, Franklin Chan Díaz, hace ingentes esfuerzos por llevar a la humanidad a Marte, sin embargo, su sueño del futuro es un planeta Tierra conservado y convertido en patrimonio ecológico de la humanidad, para las nuevas generaciones, que quizá harán de Marte una segunda casa planetaria. Y en ningún momento, dejar un planeta en ruinas, como pretenden los depredadores modernos. Para Franklin Chang, “la humanidad tiene que abrirse al espacio, tiene que tener esa capacidad de salir. No quiere decir que vamos a dejar la Tierra y botarla como un zapato viejo. Más bien deberíamos preservarla y tenerla como algo muy bello para que generaciones futuras puedan regresar a ver nuestro planeta. Que la Tierra se convierta en una especie de “parque nacional de la humanidad”, “patrimonio de la humanidad” […]” (la cursiva es nuestra).
Costa Rica es un pequeño faro verde que ilumina con esperanza el sendero a seguir para una humanidad que hace rato perdió el rumbo, declarándole una guerra inmisericorde a la Madre Tierra. Al menos, cuatro hitos han marcado este sabio derrotero del país: 1. La política de conservación, con la creación de Parques Nacionales, entre otros esfuerzos de reforestación; 2. la lucha social que forzó al gobierno de José Joaquín Trejos a desistir del contrato de explotación de bauxita a cielo abierto en la zona sur, por parte de la Aluminum Company of América (ALCOA) ; 3. la lucha del movimiento ecologista que condujo a que la Ston Forestal desistiera de la explotación de Melina en la Península de Osa y 4.La clausura del contrato con la empresa canadiense Industrias Infinito S.A., para la explotación de oro a cielo abierto, que había sido avalado por un decreto de “interés público”, emitido en la segunda administración de Osca Arias Sánchez.
Por todo ello, y mucho más, nos estamos convirtiendo en un “país ecológicamente rico” en medio de una mayoría de “países ecológicamente pobres” (Silvia Rodríguez). Uno de los grandes pulmones del mundo, la Amazonia Brasileña, está siendo devastado, especialmente por las políticas de gobiernos negacionistas del cambio climático y mercantilistas como el Jair Boslonara emulando al de Donald Trump, mientras nosotros hemos logrado mantener nuestro micro-mundo “amazónico”[4], convertido en un parque ecológico: Tortuguero.
Lamentablemente, hoy vuelven a soplar vientos restauracionistas de añejas políticas y acciones devastadoras de la naturaleza. No olvidemos que en Crucitas se talaron árboles de almendro, habitat natural de nuestras hermanas lapas; y se dejó el terreno listo para la incursión de mineros irregulares de ambos lados de la frontera. Sin duda, hoy Crucitas es tierra de nadie y sufre el impacto ambiental de una explotación minera que, aunque artesanal, es contaminante y destructora del hábitat natural y contaminante. Así lo señala Gino Biamonte: “Hay pocas actividades humanas que tengan tanto impacto negativo como la Minería Metálica a Cielo Abierto, máxime en países tropicales como Costa Rica, siendo uno de los principales destinos ecoturísticos a nivel mundial”[5].
Crucitas, convertido en Parque Ecológico o en un “Geo Parque”, como propone la ambientalista Denise Echeverría MBA, sería el gran santuario de las lapas, así como de la rica biodiversidad de una de las zonas más bellas y turísticamente mejor posicionadas en nuestro país, como lo es San Carlos. Para reconvertir a sus pobladores en emprendedores de turismo ecológico y rural, solo se requiere voluntad política y renovar la visión solidaria comprometida con el desarrollo equitativo y sostenible, norte fundamental de una adecuada política económica y social a la altura de nuestro tiempo. Y, ¿qué mejor política social para los habitantes de esta zona que una virtuosa combinación que permita propiciar la conservación y la sostenibilidad con el bienestar -el “buen vivir”- de la población?
Bueno, pero, ¿de dónde se va a sacar la plata para impulsar un proyecto como este? Son diversas las opciones. Una, muy sugerente, es la propuesta por Denise Echeverría de explorar un mercado de “Bono Oro”, para compensar la huella ecológica por minería, siguiendo la experiencia del Mercado Internacional de los Bonos de Carbono[6]. También, se podría invitar a los inversionistas extranjeros, que han convertido a este país en su segunda casa, a solidarizarse con un proyecto como este, emulando el noble gesto de Olof Wessberg de Suecia y Karen Mongessen de Dinamarca, pioneros en la creación de la primera Reserva Natural de Costa Rica, Cabo Blanco (1963), contando con el apoyo del gobierno de Francisco J. Orlich[7]. En esa misma línea, podría contribuir un pequeño impuesto solidario a los “trabajadores remotos”. Y por qué no impulsar un proyecto de ley para eliminar exoneraciones y cobrar, de manera retroactiva, al menos un porcentaje de las evasiones y elusiones tributarias por parte de grandes empresas, y destinar esos recursos a las familias de Crucitas, mientras los emprendedores locales logran afianzarse económicamente.
Pensemos y actuemos, a la manera costarricense de Alicia, a quien le gustaba heredar jardines, es decir, socialmente solidarios y ecológicamente amigables. La gente de Crucitas y las nuevas generaciones lo van a agradecer.



