El primer ministro de Canadá alerta sobre la ruptura del orden mundial y llama a las potencias medias a retirar las ficciones y defender sus valores con realismo.
En un discurso marcado por la franqueza y la autocrítica, el primer ministro de Canadá advirtió sobre la ruptura del orden mundial y el fin de lo que describió como “una ficción agradable” que ocultó, durante décadas, las desigualdades del sistema internacional.
“Estamos en plena ruptura, no en plena transición”, subrayó el mandatario, al referirse a una nueva era donde “la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”.
El mensaje, pronunciado ante líderes internacionales, presentó una visión lúcida del papel de Canadá y las potencias medias ante un escenario global cada vez más fragmentado y competitivo.
El poder de los “sin poder”
Inspirándose en el ensayo El poder de los sin poder, del disidente checo Václav Havel, el presidente recordó la parábola del frutero que coloca un cartel político sin creer en él, solo para aparentar conformidad.
“Havel lo llamaba ‘vivir en la mentira’. El poder del sistema no proviene de su veracidad, sino de la voluntad de cada uno de actuar como si fuera verdad”, citó el mandatario, antes de lanzar un llamado simbólico: “Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus carteles”.
El líder canadiense usó esa metáfora para reconocer la pérdida de credibilidad del “orden internacional basado en normas”, sostenido —dijo— sobre una realidad desigual donde “los más poderosos se saltaban las reglas cuando les convenía”.
Un mundo más inestable y vulnerable
El discurso abordó sin rodeos los efectos de las crisis acumuladas —financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas— que, según el primer ministro, “revelaron los límites de una integración mundial extrema”.
Más allá de la crítica, el mensaje incluyó una advertencia: la reacción de los países que buscan protegerse ante el debilitamiento de las instituciones multilaterales podría conducir a un mundo “más pobre, más frágil y menos sostenible”.
“Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú mismo”, admitió. Pero advirtió que hacerlo en aislamiento “aumentará la fragmentación” y socavará la cooperación global.
“Realismo basado en valores”: la nueva brújula canadiense
Ante este nuevo escenario, el mandatario presentó la estrategia que guiará la política exterior de Canadá, inspirada en el concepto de realismo basado en valores, acuñado por el expresidente finlandés Alexander Stubb.
“Nuestro objetivo es combinar principios y pragmatismo”, explicó. “Aceptamos plenamente el mundo tal y como es, sin esperar a que se convierta en el que nos gustaría ver”.
Con ese enfoque, Canadá busca modernizar sus alianzas, reforzar su soberanía y diversificar sus vínculos globales. Entre las medidas concretas mencionó el aumento del gasto en defensa, la inversión en inteligencia artificial y energía y la firma de nuevos acuerdos estratégicos con la Unión Europea, China, Qatar y otros países del Sudeste Asiático y América Latina.
Una reflexión sobre el poder y la coherencia
El discurso finalizó con un mensaje que resonó más allá de la política exterior: la necesidad de recuperar la coherencia entre valores y acciones.
“Ya no dependemos únicamente de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”, afirmó, sintetizando la dualidad que, según él, marcará el futuro de Canadá y de las potencias intermedias.
Con una mezcla de realismo y autocrítica, el mandatario canadiense dejó claro que el desafío de esta nueva era no será solo resistir, sino reinventar las reglas del juego, esta vez sin carteles que oculten las contradicciones del sistema internacional.



