El uso de vapeadores entre colegiales costarricenses es una lamentable realidad cada vez más frecuente, pero, ahora están identificándose casos entre niñas y niños de 10 años. El grito de alerta lo pegan profesionales en Orientación, quienes hacen un llamado a padres de familia y centros educativos para que se mantengan atentos a este fenómeno social.

Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que 9 de cada 10 personas fumadoras de vapeadores comienzan antes de los 18 años.

Zeanne González, representante del Colegio de Profesionales en Orientación y funcionaria de Casa JAGUAR del IAFA, explica que, lamentablemente, identifican personas consumidoras en la población de menores de edad debido muchas veces a información sesgada, que les hace creer que esos dispositivos electrónicos son totalmente inofensivos.

González afirma que los vapeadores son fáciles de ingresar de manera oculta a los hogares o centros educativos, ya que sus distintas presentaciones pueden encubrirse y llegar a confundirse con objetos como lapiceros.

“La industria tabacalera ha utilizado la mercadotecnia a su favor y ha  logrado  atraer a las personas menores de edad al uso de vapeadores mediante la utilización de tecnología, diseños con colores juveniles y con diversos aromas y sabores artificiales como fresa, canela, melón, cereza y muchos otros”, asegura González.

Por otro lado, las redes sociales, mediante el humo digital, promueven el vapeo como una manera para alcanzar estatus social, aceptación por el grupo de amigos y amigas e incluso como una manera idónea para alcanzar la felicidad.

El vapeo es una práctica que se caracteriza por la inhalación de un vapor caliente en forma de aerosol que daña la salud, tanto de la persona consumidora, como también de quienes se ubican cerca y asumen el rol de persona consumidora pasiva.

La experta hace énfasis en que el vapeo libera altos niveles de nicotina o marihuana, lo que hace que el producto sea altamente adictivo.

El Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y diversas entidades internacionales no avalan este dispositivo como una herramienta para sustituir el cigarrillo tradicional.

Aunque la persona consumidora no incluya en el dispositivo las dos sustancias psicoactivas anteriores, su daño a la salud sigue siendo una constante, debido a la presencia de disolventes que son utilizados en pinturas como Elilenglicol y Propiletilenglicol y metales como Cromo, Zinc y Manganeso.

Estudios recientes revelan que el vapeo afecta, significativamente, a largo plazo en el desarrollo del cerebro de las personas menores de edad.

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