La incautación de 18 estañones de cianuro en un control vehicular en la Ruta 35, en San Carlos, encendió nuevas alarmas sobre el tráfico de esta peligrosa sustancia en la Zona Norte de Costa Rica. El cargamento fue detectado por la Policía Municipal, que detuvo un vehículo y activó de inmediato los protocolos de emergencia con apoyo del Cuerpo de Bomberos y del Organismo de Investigación Judicial, debido al alto riesgo para la población y el ambiente.
Aunque las autoridades no han detallado aún el destino final de estos estañones, el caso se suma a una preocupante lista de decomisos de cianuro en la región fronteriza con Nicaragua, muchos de ellos vinculados a actividades de minería ilegal de oro.
El cianuro es una sustancia altamente tóxica, utilizada para separar el oro del material rocoso, pero su manejo inadecuado puede contaminar suelos, ríos y acuíferos, poniendo en riesgo a comunidades rurales y ecosistemas enteros.
En enero de este año, la Fuerza Pública y el Sinac decomisaron aproximadamente 93 kilos de cianuro y decenas de piletas, equipos y sacos de sedimento en el sector del Cerro Conchuditas, en Cutris de San Carlos, donde se presume operaban campamentos de minería ilegal.
En ese mismo sector, las autoridades ya habían encontrado miles de sacos de sedimento y estructuras asociadas a extracción ilícita de oro a finales de 2025, evidenciando la persistencia de estas actividades en zonas alejadas y de difícil acceso.
Los datos oficiales apuntan a que solo en 2024 se decomisaron más de 4 toneladas de cianuro en puntos como Crucitas de Cutris y otros sectores de la frontera norte, en operativos liderados por la Fuerza Pública y la Policía de Fronteras. A esto se suma un decomiso catalogado como “histórico” de cerca de ocho toneladas de cianuro en el norte del país, cerca de la frontera con Nicaragua, lo que refuerza la tesis de que existe una organización criminal especializada en el tráfico de este químico para abastecer operaciones mineras ilegales a ambos lados de la línea fronteriza.
Autoridades de Seguridad han advertido que, en los últimos años, el patrón delictivo cambió: inicialmente el cianuro entraba de forma irregular desde Nicaragua hacia Costa Rica, pero ahora se detectan cargamentos que salen del centro del país hacia la frontera norte, presuntamente para alimentar circuitos de minería ilegal en territorio nicaragüense. En todos los casos, el producto se moviliza sin medidas de seguridad, sin documentación de respaldo ni controles técnicos, lo que aumenta el riesgo de derrames, intoxicaciones y desastres ambientales en carreteras, comunidades y áreas protegidas.
Frente a este panorama, las autoridades insisten en la importancia de las denuncias ciudadanas para ubicar campamentos ilegales y cargamentos sospechosos de cianuro en rutas como la 35 y los caminos secundarios de Cutris, Pocosol y sectores cercanos a Crucitas. También reiteran que el uso y transporte de esta sustancia está estrictamente regulado y que cualquier manipulación fuera de los protocolos industriales legales representa un delito y una amenaza directa para la salud pública y el ambiente.



