El gobierno de Costa Rica confirmó la firma de un acuerdo migratorio “no vinculante” con Estados Unidos que abre la puerta para recibir hasta 25 personas deportadas por semana, bajo un esquema de estatus temporal especial. La medida, presentada como voluntaria por la administración de Rodrigo Chaves, vuelve a colocar al país en el centro de una política regional impulsada desde Washington para externalizar el manejo de flujos migratorios.
Aunque el Ejecutivo insiste en que Costa Rica puede rechazar casos específicos, el contexto evidencia una creciente alineación con la estrategia migratoria estadounidense en la región. Esta política no es nueva: desde 2025 ya existía un acuerdo para recibir personas deportadas desde Estados Unidos, incluso provenientes de otros continentes, lo que derivó en la creación de categorías migratorias temporales ante la imposibilidad de repatriación inmediata . Según datos oficiales citados por prensa internacional, estos esquemas han incluido permisos de permanencia limitados —por ejemplo, 90 días— sin acceso pleno a derechos como el trabajo formal .
El nuevo anuncio se da en el marco de la visita de Kristi Noem, enviada especial de la iniciativa Escudo de las Américas, un proyecto promovido por Estados Unidos para coordinar acciones regionales contra el crimen organizado y la migración irregular. Esta iniciativa incluye cooperación en seguridad y control migratorio, así como acuerdos con países de tránsito para gestionar deportaciones
Falta de transparencia y cuestionamientos
Organizaciones internacionales han advertido previamente sobre la falta de claridad en este tipo de acuerdos. Human Rights Watch ha señalado la necesidad de mayor transparencia y garantías para que las personas deportadas puedan solicitar asilo y acceder a protección internacional, especialmente cuando se trata de terceros países .
El principal cuestionamiento radica en el carácter “no vinculante” del acuerdo: aunque jurídicamente no obliga a Costa Rica, en la práctica podría generar presión política y diplomática para aceptar flujos constantes de personas deportadas, en un contexto donde el país ya enfrenta limitaciones estructurales en su sistema migratorio. Autoridades han reconocido previamente la existencia de decenas de miles de solicitudes de asilo pendientes y limitaciones en infraestructura para atender nuevos ingresos .
Riesgos y efectos internos
El traslado de personas deportadas desde Estados Unidos hacia Costa Rica plantea varios desafíos:
- Capacidad institucional limitada: El país enfrenta rezagos en atención de solicitudes migratorias.
- Condiciones de integración: Los estatus temporales no garantizan acceso pleno a empleo o servicios.
- Impacto político: La medida podría generar debate interno sobre soberanía y política exterior.
Además, el hecho de que Estados Unidos impulse acuerdos similares en otros países como Panamá evidencia una estrategia regional de “tercerización” del control migratorio .
Un acuerdo bajo presión geopolítica
El gobierno costarricense ha defendido el acuerdo como una acción solidaria y basada en derechos humanos. Sin embargo, antecedentes indican que decisiones similares han sido adoptadas bajo presión económica y política externa, según han reconocido autoridades migratorias en casos anteriores .
En este escenario, el país se enfrenta a un dilema complejo: colaborar con su principal socio estratégico o fortalecer una política migratoria propia, con mayor transparencia, sostenibilidad y garantías de derechos humanos.



