Desde el primerísimo día del nuevo año 2024, 1 de enero, el infernal pago de la deuda pública y su ultra-extorsivo pago de obscenos intereses, agravará el paulatino estrangulamiento de nuestra economía, así como el estado de situación de las familias de la clase trabajadora, asalariada y no asalariada de nuestro país.
Desde este 1 de enero, las golpeadas finanzas públicas deberán desembolsar, en promedio, 30 millones de dólares estadounidenses, ¡al día!, para esta impagable deuda pública.
La actual Asamblea Legislativa aprobó, por dictado directo del Ministerio de Hacienda, la gigantesca partida de 5 billones 814 mil 600 millones de colones (₡5.814.600.000.000); al tramitar el mal llamado Presupuesto General de la República para el ejercicio fiscal 2024.
Tal cantidad, ₡ 5.814.600.000.000, al convertirla en dólares EUA y al tipo de cambio de 526 colones (al momento de escribir este artículo), indica una cifra no menos espeluznante: 11 mil 54 millones 372 mil 623 dólares ($11.054.372.623).
Por eso afirmamos que, por cada uno de los 365 días del año 2024, en promedio, se deberá desembolsar 30 millones 285 mil 952 dólares ($30.285.952) para esa deuda pública impagable, según nuestra visión.
¡30 millones de dólares diarios! que se manejan con gran opacidad en el mercado financiero costarricense a través del sistema bancario y las corredurías de bolsas de valores, con una gran autonomía política; lo cual transformó a este sector en un verdadero y real poder de nuestra sociedad al punto de que este tema es, prácticamente, tabú.
Efectivamente, no hay una sola fracción parlamentaria que se atreva a tocar el tema, con la profundidad requerida, como lo exigen las circunstancias de grave desigualdad y de cruel retroceso social de la Costa Rica de hoy en día. ¿Por qué…?
En el mundo político de nuestra democracia nadie habla, nadie escucha, nadie ve cómo la deuda pública va carcomiendo el tejido democrático; y, cómo esa deuda pública estruja las finanzas familiares de los sectores de clase trabajadora en sus diversas dimensiones.
Estamos absolutamente convencidos de que Costa Rica no puede continuar con esa dictadura financiera de su deuda pública, por lo cual se está golpeando el adecuado financiamiento en una serie de programas de política pública, que deberían ser base para atajar el crecimiento de la desigualdad, ahora que nadie objeta que hemos llegado a este punto. Tan es así que el propio Presidente de la República, Rodrigo Chaves Robles, admitió nuestra ubicación deprimente como uno de los países más desiguales del mundo.
Porque esa deuda pública, monstruosísima y descomunal, es una de las tres nefastas partes que dan pie al grave retroceso, a la cruel involución en que ha sido sumida Costa Rica por la tradicional clase gobernante y sus partidos. Las otras dos nefastas partes son la prevalencia de un sistema tributaria cruelmente injusto; y, además que está corrupto.
Puede sonar utópico, pero, este problema habrá que plantearlo con base en la normativa internacional de Derechos Humanos que Costa Rica está obligada a observar.
Con asesoramiento debido, es proyecto nuestro que en 2024 podamos acudir al sistema de Derechos Humanos (DD.HH.) de la Organización de las Naciones Unidas con la finalidad de lograr atención a nuestro solitario clamor; clamor que, luego de mucho tiempo en una sistemática insistencia en este problema, con optimismo notamos que ya es de atención en el seno de importantes agrupaciones de los movimientos sociales costarricenses.
El autor de este artículo de opinión en Secretario General de la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP).



