Salomón el botero del Río Sarapiquí

La mirada de Salomón Orozco se pierde entre las aguas color café con leche del Río Sarapiquí. Ha pasado toda su vida navegando en ellas, tiene 66 años y todo su mundo gira en torno al río, desde que era niño.

Hoy, con su lancha “La Tarca”, con capacidad para 20 pasajeros se gana la vida en el transporte de turistas, antes tuvo lanchas de remos y de motor de menor tamaño para transportar personas, a través del río, a comunidades vecinas. Su padre era botero en el mismo río que le da sustento, hoy, solo él queda en esa labor.

Sus recuerdos se pierden río abajo. Hubo tiempos mejores, dice con aires de nostalgia, pero no de olvido. Hoy, sentado en el muelle a la espera de algún turista ocasional, rememora aquellos años cuando el río era una “autopista” de navegación, donde decenas de lanchas cargadas de gente, productos, animales y madera navegaban por las aguas del Sarapiquí.

“Aquí llegaban lanchas llenas de ganado, otras, de madera. Había una lancha de 70 metros de largo que era usada para transportar madera. Traía hasta 80 tucas por el río con destino al Muelle de Puerto Viejo, la última parada, donde los esperaban
camiones para cargar la madera y llevarlo a los aserraderos.

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Pueblos enteros usaban el río como vía

Asegura la gente de una decena de pueblitos río abajo utilizan el transporte acuático para llegar a Puerto Viejo y luego trasladarse a San Carlos, Heredia o San José en autobús. También había grandes lanchas para el transporte de reses, chanchos y caballos.

“Todo era diferente, había mucho trabajo. Hoy, todo ha cambiado con la construcción de carreteras a ambos lados del río. La gente dejó de usar el río como transporte”, expresa, mientras mira el río, cuyas aguas fluyen serenas bajo la sombra de los árboles de sotacaballos que abundan a la orilla de río, hogar de aves acuáticas, monos, tucanes, perezosos que juguetean entre la ramas.

Mientras, espera que algún turista o grupo llegue, nos cuenta que hoy la situación no es buena, sobretodo en esta época, que es temporada baja, cuando llegan muy pocos
turistas a hacer tour por las aguas del río.

“En todo mayo y junio no hice ningún tour, ahora espero un viaje a Tortuguero. Es un viaje de ocho horas, pero se gana algo. El problema que tenemos es el precio de la gasolina, que es muy caro”, asegura, mientras se acomoda en la banca, donde pasa el día a la espera de algún tour.

Don Salomón, casado, con cuatro hijos y con educación primaria concluida, asegura que en toda su vida el sustento lo ha obtenido del Río, su segundo hogar, aquí ha visto pasar el tiempo como botero, oficio que se niega a dejar a pesar de los malos momentos que pasa, junto a 12 boteros más, unidos en una asociación y que intenta sobrevivir en esta actividad.

“Los turistas vienen para que Los llevan a hacer recorridos por el río y poder ver cocodrilos y caimanes, monos, perezosos y aves. Se cobra por hora 28 mil”, explica, mientras nos dice que si van varias personas les sale más barato.

Nos cuenta de la llena del río,la más grande que recuerda en 1978, cuando el agua inundó todo el pueblo de Puerto Viejo y la gente navegaba en botes por la plaza y por la calles de la comunidad, también la del 2005 que también fue grande, pero no causó tanto
estrago como la primera.

Mientras Salomón conversa con nosotros, algunos turistas nacionales no dejan de llegar, preguntan los precios de los recorridos en lancha, se toman una foto en el muelle y se van.

El botero, espera tiempos mejores, mientras dice que añora los años idos. Asegura que continuará en su labor hasta que Dios quiera, ahora solo, ya que de sus hijos, ninguno adoptó el oficio de botero. El río es parte de don Salomón y desde buena mañana está sentado en una de las bancas a la espera turista, aunque nunca llegue, tal vez mañana, tendrá mejor suerte.