¿Qué pasó con la voz de mi tierra?

San Carlos, hermoso Edén, cuidado no se destaca de los mejores del mundo, de sus altas montañas brota la más cristalina y pura agua, la cual bendice sus llanuras verdes, redes que abrazan el infinito hasta el “pseudolímite” con nuestro hermano y sufrido país de Nicaragua.

Qué decir de la belleza escénica y frescor, como no regocijarse de los comentarios de propio y ajenos.

¡Uy San Carlos es tan verde y lleno de vida! ¡Qué aire más fresco se respira cuando llega a Ciudad Quesada! ¡Las aguas termales que dichosos! en fin cuando hablan de esta tierra se le hincha el corazón a los sancarleños, pero que orgullo sentimos…

De sus vacas lecheras y toretes sacados de películas de lo bien alimentados, que decir que nuestros hatos lecheros alimentan casi el 80% de tan nutrido líquido, es alucinante tan real dato.

¡Ah! De qué hablar de lo tubérculos, verduras y frutas que se siembran, basta con tirar una semilla y donde cae la bandida ahí germina, tierra bendita y próspera, quienes la siembran benditas manos de los agricultores, pero como no nombrar el talento humano de exportación, ha dejado muy en alto al cantón, fruto de esa perspicacia intelectual el brote de la chispa crítica.

Hace tiempo hubo un escenario de información veraz, ante una realidad social, política y ecológica, nuestros políticos de la tierra tenían la mejor y quizás única forma de informarnos de su situación, hacían crecer las mentes más jóvenes de crítica y defensa hacia los recursos, hablaban de sus antaño, realidad nacional, entre otros temas.

Teníamos una voz real, con sílabas y vocablos entendibles ante cualquier nivel de denuncia, acercamiento con los hacedores de la tierra, era la voz de un pueblo cansado, oprimido, ellos hacían catarsis por radio y periódicos o distintos medios informativos. No fue esta la premisa que heredaron nuestros ancestros, la veracidad de la información con el corazón, con el alma con transparencia sin miedos, a la palabra clara de decir “NO MÁS”

Qué lindo era escuchar a Doña Francisca de San Francisco de la Palmera, una mujer luchadora, defensora férrea del ambiente, de como ella sembraba de todo en su parcela, de escuchar su historia de vida, entre otras voces, realidades del pujante cantón de la zona norte, pero extrañamente fue silenciado, cortaron las alas de quienes tenían voz, fueron callándolos uno a uno, pregunto, ¿Que pasó en mi tierra amada? ¿Qué pasó con la voz del joven? ¿Qué pasó con la voz el campesino? ¿Qué pasó con la voz de la mujer?

El deseo de escuchar la voz del humilde, el letrado, a la ama de casa, es un eco infinito, pero como todo eco es escuchado, los cambios vienen en el camino.

Añorar no es pecado, pero ser indiferentes sí, buscar nuevas fuentes de información tenaces, con voz clara y limpia, capaces, sin miedo a la represalia que actúa como bozal al intelecto.

Hago mención a la extinta emisora Radio Santa Clara, que hoy es otra con ideas y argumentos que jamás llenarán el vacío de aquella voz fuerte del campesino, que hemos de decirles a nuestros hijos cómo fue esa época, si parte de la imaginación fue censura…

“El pensar bien consiste, o en conocer la verdad o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas. Cuando las conocemos como son en sí, alcanzamos la verdad, de otra manera, caemos en un error.”

Hemos de encontrar aquí esa voz secuestrada por quienes, para qué…

El eco debe seguir, la lucha debe seguir, dando a conocer lo que éramos y lo que seremos…

La profundidad de los contenidos éticos y morales es la razón por el que el ser humano expresa a cabalidad con el desarrollo en armonía con la naturaleza. No existe ningún país tan pequeño que no tenga la voz popular de expresar sus desacuerdos y acuerdos, ni hay países tan grandes y poderosos que no tengan lecciones que recibir.

Costa Rica es símbolo de paz en la Tierra, pero también de paz con la tierra, de ahí su decisiva y titánica razón de ser democrática, cosa que no queda atrás en este espacio de tierra abundante y próspero el papel armonizador, conciliador y facilitador de encuentros en la comunicación de la región, debe ser inclusivo para todas las voces, porque es la palabra la que al fin prevalecerá sobre el músculo.

 

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Marcela Morales Méndez.
Especialista en Salud Mental y Psiquiatría.
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