¿Milla fronteriza en el siglo XXI?

  • Esa Milla Fronteriza, abandonada por el Estado, es el lugar donde viven hombres y mujeres honestos que soportan todas las limitaciones, pero también es el refugio del narcotráfico, del tráfico de personas y mercancías.

Costa Rica consagró en su ordenamiento jurídico como zona inalienable una franja de terreno de dos kilómetros de ancho a lo largo de sus fronteras norte y sur que se ha mantenido vigente desde finales del siglo XIX.

La Ley 2825 (Ley de Tierras y Colonización (ITCO IDA) en su Artículo 7, punto f señala como territorio del Estado esos 2000 metros y dice textualmente: “Los comprendidos en una zona de 2.000 metros de ancho a lo largo de las fronteras con Nicaragua y con Panamá; son terrenos del Estado de la Ley 2825 del 14 octubre de 1961 Ley de Tierras y Colonización”.

A lo largo de la historia de esta limitación legal para escriturar esas tierras, se han realizado varios esfuerzos. Según textos consultados, entre ellos proyectos de ley presentados con la intención de modificar esta afectación y otros por mantenerla.

La primera vez que se encuentra la intención de la Asamblea Legislativa de legislar sobre esta materia, es en el Decreto Legislativo número 21, del 22 de junio de 1888, mediante el cual se declara indenunciable un amplio sector del límite norte de nuestro país. La única justificante de los gobernantes costarricenses de ese entonces, es que se encontraban ante una posible construcción de un canal interoceánico. Ante esta situación y por el lógico temor de que nuestras tierras fueran acaparadas por extranjeros con enorme capacidad económica, nuestro Gobierno declara inalienable una zona de dos kilómetros de extensión, sin contar con informes técnicos que justifiquen dicha decisión.

Además existen otras versiones como la de proteger a los pobladores fronterizos de las balas de los cañones de los filibusteros en la Campaña Nacional y donde se indica que la capacidad de estas armas precisamente tenían ese alcance que hoy se mantiene bajo el dominio del Estado.

Independiente a las razones justificadas o no de esos tiempos, la pregunta que debemos hacernos hoy es si en pleno siglo XXl ¿Debemos seguir dando la espalda a la realidad que se vive en nuestras fronteras? Consideramos irresponsable, poco estratégico y una limitante al desarrollo y la seguridad del país seguir como Estado Costarricense ignorando la realidad de nuestras fronteras.

La milla fronteriza debe servir para ampliar nuestra frontera agrícola en aquellos terrenos que tengan esa vocación, definir aquellos destinados a la conservación y explotar los que tengan vocación para el desarrollo turístico.

Deben los legisladores de una vez por todas pensar en que hoy esa milla fronteriza abandonada por el Estado Costarricense, es el lugar donde viven algunos valientes hombres y mujeres tratando de subsistir con todas las limitaciones que la Milla Fronteriza carga sobre sus espaldas, es territorio de algunos pocos latifundistas que poseen “derechos” y que ni viven ni tienen arraigo con la zona y lo peor; es el santuario de algunos narcotraficantes, delincuentes dedicados al tráfico de personas, mercancías y otro tipo de negocios ilícitos que se nutren de la indiferencia del Poder Ejecutivo, La Asamblea Legislativa y el Poder Judicial. Son ellos los que, mediante la intimidación a nuestros campesinos honestos, gobiernan en la frontera, por lo que los más pequeños deben recurrir al silencio complaciente para mantener el dominio de sus tierras y resguardar la vida de sus familias.

¿Esa es la Milla Fronteriza que queremos? Estoy seguro que ninguno de nosotros aprueba estas realidades, pero ¿Qué es entonces lo que ha impedido legislar sobre la Milla Fronteriza? Sentimos como Medio de Comunicación, que algunos pocos que no viven allí, que tienen poder político y económico, les interesa mantener este territorio aislado de la realidad nacional para así mantener sus negocios oscuros o no pagar los impuestos que de legalizarse la permanencia en esas tierras tendrían que pagar.

No más Milla Fronteriza, no más territorio para delincuentes, no más invisibilizar a esos hombres y mujeres honestos de la frontera que están ahí y que sufren el abandono del Estado, mientras que desde la urbe poco nos importa el sufrimiento de nuestro prójimo.

Si esas tierras son del Estado, que se repartan aplicando criterios justos, pero que no se siga castigando con instrumentos y leyes arcaicas a miles de familias que están apuntadas al progreso pero que las castigamos ignorando su realidad.

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Periódico La Región, información de la Región Huetar Norte de Costa Rica.