La nueva carretera ¿Vuelta de Kooper o Cooper?

¿Vuelta de Kooper?

Por Luko Hilje Q. (luko@ice.co.cr)

Aunque algo opacado por las inundaciones recurrentes en la vía, en estos días varias comunidades del norte del país han atestiguado con júbilo la inauguración de la ansiada ruta entre Vuelta de Kopper (San Carlos) y Bajos de Chilamate (Sarapiquí). Confiemos en que esto se enmiende con prontitud y eficiencia, para que se empiecen a percibir los beneficios previstos, pues con esa especie de gran atajo por las planicies del norte, se ahorrarán nada menos que 60 km de recorrido para aligerar las exportaciones por Puerto Limón y disminuir la densidad de furgones en algunas carreteras bastante congestionadas.

Eso está bien, muy bien, pero lo que no lo está es la sustitución del nombre Kopper por un imaginario Kooper, tanto en la información de la prensa escrita, hablada y televisiva, como en los rótulos que señalizan la ruta. En realidad, la existencia de ese nombre en la toponimia nacional carece por completo de sentido, como lo demostraremos aquí.

Siempre di por sentado que el nombre correcto era Kopper, apellido de una conocida familia de comerciantes y agricultores de Grecia y San Carlos, de origen alemán. Así lo aprendí de muchacho, en viajes de vacaciones donde parientes que vivían en San Carlos; al respecto, recuerdo como si fuera hoy un muy grato día de paseo a la finca de mi primo Adolfo Quesada Chaves en Kopper, atravesada por un henchido e impecable río abundante en pesca. Además, un miembro de dicha familia, Elías Kopper Cubero, junto con mis tíos Ricardo Quirós Rodríguez y Luis Castro Rodríguez, así como sus primos Alberto y Gustavo Quesada Rodríguez, y otros sancarleños, en febrero de 1937 habían escalado el cerro Arenal, y documentado que, en realidad, era un volcán.

No obstante, hace un par de años, en unas investigaciones biológicas e históricas que emprendí sobre la región de San Carlos, me topé con una sorpresa, que de momento me hizo dudar de si el nombre correcto era Kopper. En efecto, en un croquis de esa zona, trazado en 1854 por el ingeniero alemán Alexander von Bülow, se menciona que el inmenso predio de Victoriano Fernández Carrillo —primer colono de esa zona— correspondía a “365 caballerías, cuyos terrenos lindan por el Norte con el Río Cooper, por el Oeste con el Río San Carlos y por el sur con el de Peje”. Aún más, en sendos mapas del naturalista alemán Alexander von Frantzius, se aprecia un curso de agua marcado como río Cooper, afluente del San Carlos.

¿Kopper o Cooper, entonces? En busca de la resolución de este dilema, recurrí al amigo y académico Jorge Rolando Molina, el mayor conocedor de la historia de San Carlos, y su respuesta fue inmediata: el río Cooper, llamado antes río de la Navegación, fue denominado así en alusión al ingeniero inglés Henry Cooper Johnson, quien había sido comisionado por el gobierno para efectuar mediciones de los baldíos denunciados por Victoriano Fernández. Cabe acotar que Cooper —tatarabuelo del ex-presidente Rodrigo Carazo Odio— había llegado a nuestro país cerca de 1825, para trabajar en minería en los Montes del Aguacate, y permaneció aquí hasta su muerte.

El nombre de dicho río se mantuvo vigente por mucho tiempo, al menos hasta 1892, según se capta en una nota alusiva a la abundancia de hule nativo (Castilla elastica), árbol favorecido porque “los terrenos en San Carlos, en toda la región de los ríos Frío, Poco Sol, San Carlos, Arenal, Cooper y Tres Amigos, son de una fertilidad excepcional”. Esta mención proviene del Catálogo general de los objetos que la República de Costa Rica envía a la Exposición Universal de Chicago, elaborado por el médico salvadoreño David Joaquín Guzmán Martorell.

Pero, ¿qué sucedió después con el nombre Cooper? Algo muy curioso. Da la casualidad que allá por 1895, después de vivir con su familia en Grecia por un tiempo, y con unos 30 años de edad, se asentó en San Carlos un costarricense de padres alemanes, llamado Arturo Kopper Steffen. Nacido en Cartago, era uno de los hijos del prusiano Arturo Kopper Trischnuth, quien llegó soltero al país, pero en dicha ciudad conocería a su paisana María Amalia Steffen von Greggart, con quien contrajo nupcias ahí. Debo a Albán Cambronero Acosta y Brunilda Hilje Quirós esta y otra información aquí consignada.

En cuanto a su permanencia en San Carlos, según narra Fenelón Quesada en una monografía sobre dicho cantón, en el gobierno de Rafael Iglesias Castro (1894-1898) se construyó un camino firme, complementado con puentes de hierro y bastiones de concreto, desde Naranjo hasta Muelle, a través de Zarcero, Buena Vista y Los Bajos. La idea era comunicar de manera expedita esa ruta con el río San Carlos, por lo que en su ribera derecha, en Muelle, se estableció un embarcadero, así como una casa aduanal, dados los fines comerciales de esta iniciativa. Ahí Kopper fungió como sub-inspector del Resguardo Fiscal.

Con los años, él adquirió propiedades en varios puntos, y es de suponer que tuvo alguna finca justamente cerca de Muelle, pues ahí está un pequeño caserío que hoy porta el nombre Kopper. Engendraría una amplia prole, primero con Ramona Serrano Vásquez y después con Josefa Cubero Rodríguez, y algunos de sus descendientes han permanecido en San Carlos. Moriría en marzo de 1954, con casi 89 años de edad, en Quebrada Azul, muy cerca de Florencia.

Un detalle interesante y curioso es que por el caserío de Kopper corre el río Cooper —ya a punto de desembocar en el San Carlos—, y es de suponer que, debido a la semejanza entre ambos apellidos y a la presencia de los Kopper en San Carlos, el río perdió su nombre original.

Esa pareciera una explicación lógica, pero en indagaciones recientes me he percatado de que esto no fue tan así. Veamos.

Por ejemplo, en el documento División Territorial Administrativa de la República de Costa Rica correspondiente a 1942, Kopper no existe, pero sí hay un caserío denominado Cooper; por la fecha, ya avanzado el siglo XX, así como por lo recién anotado, es de suponer alguien lo escribió mal, pues para entonces Kopper sería el nombre correcto. Pero la situación cambia de manera dramática al revisar los respectivos documentos de 1981, 1989, 2001 y 2013, que son los que tengo a la vista. En ellos no aparece ninguno de esos dos topónimos, pero sí los siguientes seis: Kooper, Vuelta de Kooper y Kooper Norte (cerca de Aguas Zarcas), otro Kooper (cerca de Palmera), Muelle Kooper y Kooper (en Cutris).

¿A qué se debe este enredo? Mi hipótesis es que hace muchos años algún empleado gubernamental negligente hizo un híbrido de los apellidos Cooper y Kopper, creó un malhadado Kooper, lo oficializó en este tipo de documentos, y dicho error se ha perpetuado hasta hoy.

Pero, peor aún, en la respectiva hoja cartográfica (070- Aguas Zarcas), sí aparece localizado y bien escrito el nombre del villorrio cercano a Muelle, al igual que el del río Kopper y de un predio llamado Finca Vuelta de Kopper, pero Vuelta Kooper tiene esta grafía, distinta y errónea. Esto revela una pasmosa falta de congruencia entre documentos que tienen carácter oficial, y que son elaborados por el mismo ente: el Instituto Geográfico Nacional.

Obviamente, esta anómala situación debe subsanarse, por lo que, aprovechando la coyuntura de la inauguración de la ruta entre Vuelta de Kopper y Bajos de Chilamate, las autoridades del ramo deberían efectuar las enmiendas pertinente en los documentos oficiales, así como corregir los rótulos de la nueva vía.

Ignoro cuáles son las reglas de nomenclatura en este sentido, pero quizás al río debería restituírsele el nombre de Cooper, y a las demás localidades —cuya dispersión refleja que don Arturo o sus descendientes tuvieron propiedades en varios distritos— denominárseles Kopper, de una vez por todas. O, también, para evitar cualquier tipo de confusiones, tal vez se podría consignar como Kopper a todos los topónimos aquí mencionados.

Lo que sí es cierto es que hay que desterrar de nuestra geografía el advenedizo Kooper, pues no tiene ningún asidero histórico.

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