El oro y la pobreza no pueden convivir.

Crucitas es noticia a nivel nacional nuevamente por el tema del oro. Los caminos abandonados se llenaron de vehículos, los pueblos olvidados ganaron vecinos temporales, los negocios de Coopevega de Cutris y otras comunidades cercanas aumentaron sus ventas y la cantidad de habitantes por kilómetro cuadrado cambió notoriamente.

La fiebre del oro tropicalizada llegó a esas comunidades, hombres, mujeres y niños cargan palas, los instrumentos rudimentarios para la extracción del oro que según estudios estaría presente ahí en 1,2 millones de onzas que en kilos estaríamos hablando de unos 34.019 kilos.

La realidad que viven estas comunidades es otra, la tranquilidad se perdió, los hábitos y costumbres cambiaron radicalmente y la plata se comenzó a mover como nunca antes en esos lugares abandonados por el Estado costarricense en todos los campos.

Si hay algo real antes de aportar nuestro criterio como medio de comunicación es que la pobreza y el oro no son compatibles y no convivirán en armonía con el ambiente una vez que al menos una sola persona ponga las menos encima del preciado metal.

En Crucitas ese paso ya se dio, no fue uno, son cientos de personas de diferentes partes del país las que “probaron el oro” y de acuerdo al conjunto de valores de cada individuo, le sirve para saciar sus necesidades temporales.

El primero en poner las manos fue Industrias Infinito, fueron ellos los que sacaron miles de “muestras” para no pensar mal, le dijeron al país y al mundo que en ese sitio habían un millón doscientas mil onzas de oro, señalaron también mediante estudios técnicos que una buena parte estaba a nivel superficial y otra en roca.

Luego de que la empresa tuvo que salir al perder un juicio por sus acciones ilegales según resolución de los Tribunales, las versiones de algunos indican que los primeros en dedicarse a la extracción ilegal del oro, fueron los mandadores de  las mismas fincas que eran propiedad de Industrias Infinito, lo que no se sabe es si con el beneplácito o en asocio con los dueños. A estos se les habría salido de las manos el control de las personas que llegaron de Guanacaste y en asocio con  sancarleños, chilenos y los mismos lugareños comenzaron a invadir los terrenos para sacar el oro de forma artesanal.

Hoy Crucitas, Chamorro, Llano Verde, Tiricias y El Jocote, todas cercanas a la mina  viven en zozobra, gente de diferentes extractos y costumbres invadieron sus comunidades, hasta los galerones de los ganaderos son invadidos por cuadrillas de coligalleros y la inseguridad se apoderó de estos lugares.

La pregunta lógica es, ¿Qué hacen las autoridades? Ministerio de Seguridad, Ambiente, Salud, Migración y otros a quienes les corresponde velar por estos lugares.

En los últimos días fuertes operativos policiales intentan sacar a los cientos o miles de  coligalleros, sabemos que esa es una medida necesaria pero temporal, porque el Gobierno no tiene la posibilidad de mantener cien oficiales trabajando en esa zona de forma permanente. La realidad es que una vez que se vaya la policía, las cuadrillas regresarán y que la solución a ese problema es más complejo de lo que algunos podrían pensar.

La realidad objetiva, es que mientras haya pobreza y oro conviviendo juntos, siempre habrá alguien con pico y pala tratando de sacar el sustento para sus familias.

Consideramos que unido a los esfuerzos de las autoridades, debe ocuparse la Asamblea Legislativa, el MINAE, el Poder Ejecutivo y las mismas municipalidades de políticas y adaptar las leyes para que se busque una solución objetiva a esta realidad de, riqueza en el subsuelo y pobreza en sus alrededores.

¿Será la solución, que el país modifique el Código de Minería entreguista que tenemos, que  se levante la moratoria y se pueda crear una  cooperativa u otra figura  de la cual el Estado tenga control?

Llegó la hora de apartar el romanticismo y la doble moral que como costarricenses tenemos y entrar a la toma de decisiones, en donde la legalidad, el menor impacto al ambiente y la repartición de esa riqueza sea lo mejor para todos y no para unos pocos que se benefician de lo que hoy se vive en esta zona fronteriza con Nicaragua.

No se vale que los vecinos, los verdaderos actores del desarrollo de esas comunidades, tengan que vivir presos en sus fincas, ante el clima de inseguridad, salubridad y abandono que están sumidos, mientras otros se apoderan de sus comunidades.

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Periodista Licenciado en Ciencias de la Comunicación Colectiva UCR –

Tres veces ganador del Premio Nacional de Periodismo Jorge Vargas Gené / Óscar Cordero Rojas y mención honorífica, Premio Nacional Ángela Acuña Braun –

Correo: geraquesada@gmail.com