EL MALDITO ORO HIZO QUE QUEMARA LA CASA!!!

CM. Dallas TX

Esta historia es verdadera y me reservo el nombre para no crear doble dolor. Vivir en la miseria y la pobreza no es algo que todo lomo aguante y se puede llegar a delirar mundos fantaciosos donde el pecado más ingrato es envidiar lo que tiene el rico. Se vino la fiebre del oro y con ello nacen historias que habren oídos y van de boca en boca creando paraísos donde el metal precioso fluye como leche en la montaña o a la orilla del río. Don( Fulgencio) de manos callosas y espalda jorobada le llegó la noticia del oro. Toda una vida comiendo salteado, viviendo del jornal y hasta usando manteca de cuzuco para sabrevir en una casita con su mujer y tres guilillas sólo panza y mocos. Un hombre con deseos de dejarles “herencia”a los chiquitos pa’ que no pasen las mismas calamidades de él. Como muchos que están en su trabajo duro pensando en dejar de ser camellos,Don Fulgencio no se aguantó y se fue a probar suerte del metal caído del cielo que según se decía en el pueblo había tanto que las bolas de oro rodaban quebrada abajo. Llegar a la mina,no comer,no dormir y bien picado de zancudos era cualquier paja por el sueño de encontrar una bola de oro que con sólo una bastaba para ser rico toda la vida. Después de un mes y ya casi con 50 libras de menos de peso,le llegó la “suerte” en la orillita del río que entra a la mina y hace una curva debajo de una gigantesca roca,vio un rayo dorado,calladito se deslizó de panzas y tocó un montículo redondo,metió la mano por debajo y flotó una enorme bola que brillaba como el pelo que que se tiñe con manzanilla. En un saco de yute y siendo las tres de la mañana en medio del lodazal y un tremendo aguacero estaba segura la bola de oro que tanto anhelaba Don Fulgencio para nunca más volver a la cruel pobreza. A la casita llegó al día siguiente y ni café tomó cuando le dijo a la Señora que sacara a los guilas y algo de ropa porque se iban a vivir a la capital. Ah,pero para olvidar aquel ingrato pasado de carestía, miseria y olvido,decidió quemar la casita y fue rapidito que alzara llamas pues algunas paredes eran de bolsas plásticas donde se envolvía racimos de bananos para la exportación. Emprendieron el viaje al paraíso,chiquillos a cuestas y la bola de oro que pesaba como 10 kilos. Llegaron donde un familiar lejano pero buena gente, allá por tarbaca de Cartago y ahí contó en secreto la historia. En la mañanita se fueron donde un Señor que había tenido una joyería para pedirle consejo de como vender el oro. Fue en ese preciso momento cuando la maldición comenzó a hacer efecto. El Señor joyero se quedó viendo, con un martillito desprendió pedacitos de oro y tomó unos fósforos los puso sobre el metal y una vez fríos tomó un imán y todo el bendito oro se pegaba en la piedra del imán. El joyero se puso blanco y buscó una botella de alcohol que usaba para frotar moribundos. Se preparó para darle la noticia a Don Fulgencio. Lo siento amigo,esto no es oro,esto es PIRITA y se le llama el oro de los tontos. Don Fulgencio se quedó sin casa,sus hijos fueron recogidos por el patronato,él está postrado en un asilo,la Señora en paz descansa. Amigas y amigos,no todo lo que brilla es ORO. CM. Dallas TX.

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